SIGNIFICADO HISTORICO DE LA GLOBALIDAD


Felipe Díaz Garibay

Parte 1

GENERALIDADES.

 

La evolución de la humanidad siempre ha estado marcada y ha ido hacia integraciones mayores; aparecen en las páginas de la historia humana múltiples formas de integración: la familia en primer orden, las tribus, estado primitivo, el estado feudal y otras más. En América, en tiempos más modernos, Bolívar encabeza un proyecto de integración de grandes alcances; el sentimiento bolivariano inunda aún los afanes de muchos latinoamericanos que buscan crear una zona común a la usanza de la Comunidad Económica Europea. Más de un siglo después, la integración de naciones por vecindad geográfica, problemas, afanes o características comunes se impulsan hacia un concepto integrador desde perspectivas más modernas. El proyecto Cuenca del Pacífico y la propia Comunidad Económica Europea, constituyen fieles ejemplos del ejercicio integrador.

La realidad internacional de nuestros días, marcada por una innegable interdependencia y necesidad de cooperación, impulsan a las naciones del orbe, de forma casi irreversible, a un modelo de crecimiento orientado hacia el exterior con fundamentos en dos vías alternas: la integración y la globalización.Los intentos de integración regional son pues, sin duda, los antecedentes más cercanos que tiene la globalización. El término, en sí, refiere un fenómeno que se constituye, podríamos decir, a finales de la década de los 80, justo en 1989 y precisamente con la caída del Muro de Berlín, símbolo de la bipolaridad que dominó en el sistema de relaciones internacionales durante toda la segunda posguerra y hasta entrada ya la última década del siglo pasado, aunque, como fase del capitalismo, tiene desde luego antecedentes que van hasta varios siglos atrás.Pero, ¿qué es la globalización? Se habla tanto de ella que la “gente común” poco entiende del concepto, aunque sí reciente sus efectos. La explicación es simple y bastaría con hojear las páginas de la historia para darnos cuenta, con más precisión, de cuál ha sido el desenvolvimiento del desarrollo histórico del capitalismo al que, evidentemente, está adscrito el proceso de globalización. Es evidente ya que “en muchos sentidos, el mundo se ha convertido en un sistema social único, a consecuencia de los crecientes vínculos de interdependencia que ahora nos influyen prácticamente a todos. El sistema social no es solo un medio en el que determinadas sociedades –como Gran Bretaña- se desarrollan y cambian. Las relaciones sociales, políticas y económicas que traspasan las fronteras de los países condicionan de forma decisiva el destino de sus habitantes. El término general que denomina esta creciente interdependencia, es GLOBALIZACION”. 1

Es necesario, entonces, visualizar la posición que jugará nuestro país en este complejo proceso interdependiente para buscar los mecanismos, en lo interno y en nuestra relación con el exterior, que hagan del proceso globalizador la enorme oportunidad de lograr superar los enormes rezagos que padecen todavía importantes sectores de la población nacional, sobre todo los grupos, enormes por cierto, económicamente débiles, esos que reclaman los grandes cambios, esos que han perdido la esperanza, esos que se han hartado de la desposesión y el sometimiento, esos que siguen ahí aún esperando por un mundo mejor sean o no del “color de la tierra”.

1. LA “NOVEDAD” GLOBALIZADORA. ALGUNAS PRECISIONES SOBRE EL CONCEPTO.

Negar que la globalización sea un efecto histórico –producto de ese proceso en el que el imperialismo fue visto como una “fase superior del capitalismo”-, es absurdo. Ella, tal y como hoy se le conoce y entiende, es el resultado de la evolución del capitalismo, que aparece y se va mudando de ropajes según su propio crecimiento y según cada momento histórico también, desde el siglo XVI hasta nuestros días aunque, generalmente, se ha afirmado que la consolidación del mundo “más globalizado”, tal como hoy lo estamos viendo, se da a partir de la II Guerra Mundial sobre todo con la aparición de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Organización Mundial del Comercio (OMC y antes GATT). 2

Entender un poco más el proceso globalizador requiere de observar el desarrollo del capitalismo. Según Samir3 Amin, éste ha atravesado por cuatro etapas fundamentales: 1) Fase mercantilista (1500-1800) que representa el momento anterior a la revolución industrial; 2) Modelo clásico (1800-1945) que constituye el momento de las dos primeras revoluciones industriales desde la construcción de estados burgueses, del surgimiento del mundo bipolar, de la acentuación de las diferencias entre centro y periferia y el surgimiento de las teorías sobre la liberación nacional; 3) La posguerra (1945-1990), momento en que se industrializa desigualmente a las periferias, más acentuadas en Asia y América Latina; y 4) El periodo más reciente (desde 1990), caracterizado por la acumulación de las transformaciones anteriores dando como resultado un colapso en el equilibrio del sistema mundial de posguerra: la globalización.

En nuestros tiempos, la globalización es un hecho; vivimos en un mundo ya con recursos limitados y, debido al incremento de todo tipo de sistemas de comunicación, podemos percatarnos de la complejidad y, al mismo tiempo, de la interdependencia existente entre las culturas, economías y valores del planeta. Las naciones del mundo, incluyendo a México, se encuentran en la disyuntiva de incorporarse al nuevo sistema internacional –inscrito en el marco globalizador-, o verse arrastradas por el vendabal en que éste, con toda seguridad, se verá envuelto en los próximos años. Existe una realidad en torno a la globalización y a la que pocos aluden sobre todo sus seguidores y es que ésta es una ideología que mitifica las virtudes del mercado y establece la obtención de beneficios monetarios y la rentabilidad económica como único criterio para evaluar cualquier actividad humana y que, por si fuera poco, apuesta por la liberalización de los intercambios mercantiles como medio infalible de hacer progresar a la humanidad. Es la nueva ideología que permite desarrollar en todo el mundo el modelo de producción capitalista, es decir, el modelo socioeconómico que, en efecto, apuesta por la acumulación del capital en pocas manos, la maximización de las riquezas calculadas en los grandes montos de dinero, la libre competencia y, entre otras cosas más, busca integrar a todos los mercados en uno solo “global”.

Esta crucial razón obliga a todos los habitantes del planeta, los que apoyan la globalización y los que no, los pensantes y los que no lo son, a enfrentar el enorme reto de intentar construir un sistema mundial que tenga en cuenta, respete y armonice, las diferentes formas de vida y organización social para enfrentar los grandes retos comunes que traerá consigo la globalización; esta situación que debe ser analizada críticamente antes de enfrascar al mundo en un proceso que, atendiendo a las reglas del realismo político, seguramente traerá más disensos que consensos, más divergencias que coincidencias, más injusticia que justicia y, quizás, menos libertades en aras de un control que intentarán imponer al mundo quienes estén por encima de la estructura mundial, producto de este nuevo modo, no sólo de producir sino de entender y ver al mundo.

 

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