SIGNIFICADO HISTORICO DE LA GLOBALIDAD


Felipe Díaz Garibay

Parte 2

1.1. Las nuevas hegemonías.

 

En términos estrictos, hegemonía es sinónimo de aquélla supremacía que un Estado ejerce sobre otro por superioridad en cualquier línea y en cualquier terreno, no sólo en lo económico sino, fundamentalmente, en lo ideológico y político siendo estos últimos los campos donde consolida su acción pues el control de las superestructuras es lo más importante en toda relación de dominio. En el terreno político, práctico y común de nuestros días, la hegemonía tiene mucho que ver como variable imperecedera que determina el quehacer político; ella aquí representa el dominio de un grupo o de una clase sobre las demás en el seno de una formación social.

En realidad Antonio Gramsci introdujo este concepto en la teoría marxista del precepto leninista de dictadura; el gramsciano, situado en el contexto de un estado industrial de Europa Occidental, se refiere a la sociedad civil y sostiene que aquí la clase hegemónica, constituida en Estado, para imponerse suele utilizar los aparatos ideológicos del mismo Estado.

Hablar entonces de hegemonía debe remitirnos de inmediato al pensamiento gramsciano que lo desarrolla ampliamente y viene a complementar el concepto leninista que tan solo lo situaba como una "dirección" de la clase proletaria, toda vez que "el proletariado puede convertirse en clase dirigente y dominante en la medida en que consigue crear un sistema de alianzas de clase que le permita movilizar contra el capitalismo y el Estado burgués a la mayoría de la población trabajadora". 1

La hegemonía como fin, en sí, precisa de una base social o elemento sobre el cual actuar, de antemano débil en su generalidad para que acepte "su destino" de someterse; por ejemplo, y de acuerdo con Gramsci, "para la clase obrera se trata esencialmente del campesinado".2 En este esquema planteado por la teoría gramsciana para conceptualizar la hegemonía, el intercambio de relaciones en su seno se traducen sin lugar a dudas en sumisión de una de las partes por cualquier circunstancia, sobre todo económicas, más débil a otra en cierto modo más fuerte.

Pero la hegemonía no es sólo una "dirección" del proletariado sobre una determinada base social que se le somete; Gramsci, en efecto, con una gran visión va mucho más allá de la teoría leninista y no solamente complementa el concepto expuesto por ésta sino que, además, lo perfecciona pues agrega a éste el control cultural e ideológico sin olvidar el económico en las relaciones hegemónicas.

La conceptualización de la hegemonía vista hasta aquí nos deja claro que ésta se circunscribe en la dirección, control y dominación, circunstancias totalmente desiguales en los aspectos cultural, económico y, fundamentalmente, ideológico al interior de una sociedad y más específicamente de una clase sobre otra o de un grupo sobre otro.

Y en el contexto globalizador ¿cómo se inserta el concepto?, para ello remitámonos a las grandes potencias que son el elemento dominante y a las áreas o países periféricos que constituyen la llamada "base social" propuesta por Gramsci en su concepto de hegemonía.

Aplicado dentro de este esquema resulta realmente sencillo comprender el fenómeno; en efecto, la hegemonía de clase tiene su origen al interior de una formación social, pero en la medida que se alcanza un determinado nivel de desarrollo se aumentan y diversifican los intereses trasladando y manifestando el sistema hegemónico, creado originalmente para fines de consolidación interna, más allá de sus fronteras. En este orden de ideas es que se da la hegemonía en el terreno internacional donde persisten las relaciones desiguales de sumisión y dominio, ¿los ganadores?, los fuertes, ¿los perdedores?, los sometidos o débiles; este sería el esquema que, aún cuando se habla mucho de los afanes justicieros de la globalización, sería el eje central de las relaciones de poder en el ámbito supranacional que es el que supone el contexto.

En el orden de ideas descrito, no es posible hacer a un lado el aspecto ideológico, tan determinante en el concepto de hegemonía. Ideología es sinónimo de doctrina, de ideario; lo cierto es que en su generalidad la ideología constituye la "ciencia del origen y clasificación de las ideas" o lo que es más representa el "conjunto de las ideas propias de un grupo", es en este orden que de entrada retomaré el concepto sin adentrarme en pormenores que siento están de más definir puesto que la generalidad de seres humanos identificamos el sentido estricto del término “ideología”, aunque claro el concepto propiamente dicho requiere de toda una serie de precisiones.

Sin duda, no existe nada más provocador que el afán del ser humano por influir en las mentes de los que le rodean y desde luego en su conducta; no obstante, tal y como lo registra la historia escrita, los grandes conflictos suscitados en el devenir de la humanidad han tenido como base, fundamento y eje, el hecho de que no todos han querido sujetarse a las creencias, y convicciones de otros. Aunque todo comienza precisamente en el entorno meramente productivo, el fin último es precisamente el control absoluto vía las convicciones y las creencias pues aunque en otrora tiempos, y aún en la actualidad, las grandes conquistas se consolidan por la vía de la fuerza bruta, tenemos una etapa no lejana en que éstas se trasladan al terreno mismo del control ideológico ya que parecía ser lo único que eficazmente podía garantizar la preeminencia de aquéllas y justificarlas, es más, ante los ojos y mentes de los sometidos.

Hoy, dando vuelta al pasado, en claro retroceso, se emplean mecánicas brutales para la conquista y expansión de poder e ideologías torcidas o mal comprendidas entre las que tenemos al nada convincente terrorismo que en aras de "luchas justas" encomendadas, según muchos arguyen, por el "alto designio divino" o los "reclamos populares", matan a diestra y siniestra convirtiéndolo en una amenaza real, inmediata y envolvente, auspiciado incluso por Estados, aunque es oportuno destacar que existen grupos transnacionales poseedores de liderazgos descentralizados, que hacen más difícil su identificación y anulación los que continúan su actuación alrededor del mundo con blancos específicos que afectan sobre todo a intereses de naciones poderosas.

En nuestros días los afanes de control y conquista, por cualquier vía, eficazmente pueden provocar grandes conflictos, aquéllos que se dan sobre todo cuando los sometidos adquieren conciencia de su realidad y se percatan de que los esquemas que se les ofrecen, proponen e imponen, son contrarios a sus más elementales expectativas; lamentablemente, la globalización encierra mucho de esto.


1.2. Hegemonía y grandes potencias. La globalización, ¿nuevo imperialismo?

Aunque "la política de poder, las 'potencias', los bloques, así como los imperios no son nuevos en la historia de la humanidad", en nuestros días los conceptos de "gran potencia", "hegemonía" e "imperialismo"3, son partes de un mismo esquema. Invirtiendo el orden de los factores -que por ahora en nada nos altera el producto-, tenemos que el tercer elemento constituye el fin último de la primera en tanto que la segunda la estrategia.

Son elementos que antes fueron confundidos de manera premeditada por algunos autores quienes tratan el tema en el sentido de no agrupar en ninguna de estas categorías a cualquiera de las dos super potencias que existieron hasta finales de la década de los ochenta y principio de los noventa plenamente consolidadas y marcaron la pauta en el desarrollo de la vida del sistema internacional; se trata de los Estados Unidos de Norteamérica y la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas que como cabezas de dos bloques de poder señalaron los antagonismos al interior del sistema de relaciones internacionales; en realidad, todo depende del bloque en favor del cual fueron dichas las cosas; ciertamente, no podemos decir que en el siglo XXI la actitud altruista y desinteresada será la que conduzca la política exterior de los países que actualmente con un nivel elevado de desarrollo alternan en el planeta con países débiles; el deseo de control absoluto así como de primacía será siempre la sombra oscura que acompañe la solidaridad internacional y, valga decirlo, el desenvolvimiento del sistema de relaciones internacionales.

Lo cierto es que todo país constituido como potencia -dejemos de momento el calificativo "gran"- busca allegarse de aquéllos elementos que de alguna forma vengan a satisfacer sus intereses, más aún cuando perciben que pierden fuerza dentro del orden mundial; en este sentido, la hegemonía constituye el ideal en tanto que representa un control de todos los aspectos que caracterizan a las organizaciones sociales; el fin último, una vez consolidado este factor, lo encontramos en la expansión de su influencia más allá de sus fronteras, lo que se traduce en "imperialismo" propiamente dicho. El sentido mismo de sus propuestas, tendientes al bien común de las naciones del mundo, va cargado de un elevado contenido de intereses creados tratando, con el pretexto de coadyuvar en la solución de su problemática propia, de influir lo más posible y por cualquier medio en la vida interna de éstos.

En lo que a las "grandes potencias" se refiere, en realidad el término se ha utilizado para denominar a todo aquél país, o países, que han alcanzado un nivel de desarrollo muy superior respecto del resto del mundo, los que por ello creen tener la facultad para influir de manera decisiva en la evolución del sistema internacional.

Estudios realizados sobre el tema, como en el de José Silva Michelena consideran, en efecto, que "el concepto de gran potencia y de bloques de poder se hacen históricamente específicos, en el sentido de que describen un fenómeno característico del capitalismo"4, aunque después reconoce, cayendo en un grave error de distinción categórica, que al hablar de las grandes potencias "el análisis debe llevarse hasta un punto en el cuál la conducta de una gran potencia, sea capitalista o socialista, se explique en última instancia tanto por el interjuego de las condiciones inherentes al hecho de que se trata de grandes potencias, como son las determinaciones provenientes del carácter específico de las formaciones sociales involucradas"5; hago esta aclaración toda vez que en el seno de la "pureza socialista" los afanes en nada se apartan, o se apartaron en el caso concreto de la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, de actuar en el contexto internacional bajo la configuración de una gran potencia con las características, fines y objetivos propios del contexto.

Continuará.

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