SIGNIFICADO HISTORICO DE LA GLOBALIDAD


Felipe Díaz Garibay

Parte 5

5. GLOBALIZACION CON HUMANISMO?

 

Aún cuando existe un refrán de dominio popular que a la letra plantea que “las cosas son tan imposibles como imposibles el hombre se las haga”, en términos de política, del realismo político para ser más preciso, en términos de bloques de poder en el contexto internacional, de hegemonías, de grandes potencias, de afanes imperialistas, etc., concebir una globalización con humanismo me parece, si no imposible, si difícil de esquematizar.

Inducir la globalización con un sentido humanitario no es tarea fácil; ello requiere de iniciar un proceso de conocimiento, un análisis de interpretación profundo de la globalización. He de decir que, en efecto, no me opongo a la globalización en términos de cooperación, ayuda mutua entre naciones, rechazo algunos aspectos del proceso porque sé están en contra de la persona humana, la tan pregonada justicia social y el bien común.Puedo percibir en la globalización un proceso que pretende eliminar todo debate ideológico para que todo sea centralizado en la economía, el mercado, la competitividad y la eficacia. La percibo como un nuevo sistema, que no es más que una fase muy superior del capitalismo moderno y por lo tanto nueva, que posee, también, una nueva agenda que tiene como intención olvidar los problemas de las clases sociales, las diferencias entre el Norte y el Sur, las tensiones entre países pobres y ricos, entre el primer nivel y el llamado “Tercer Mundo”, la deuda exterior y otros problemas que afectan a los sectores más pobres del mundo.He de reconocer que creo en la universalidad del conocimiento y, por ende, de las relaciones entre la especie humana, universalidad que va al respeto de posturas ideológicas, religiosas, culturales y étnicas; en ellas percibo como un gran mosaico que da cuerpo y forma al universo en que nos ha tocado vivir y ser testigos y actores de nuestra propia historia; pero la globalización desea que exista un pensamiento único, y que los que pueden pensar sean solo los que detentan el poder económico, ello, además de espantarme rebasa, en los momentos en que elucubro sobre esta problemática y aunque parezca exageración, los límites de mi inconformidad. No soporto un mundo desigual, me angustia y, en verdad, me frustra. Darle el toque de humanismo a la globalización será posible en la medida en que se elaboren múltiples proyectos alternativos, desde las diversas posturas políticas y sociales del planeta, pero que no se reduzcan solamente a declaraciones o principios universales sino que vayan a las realizaciones concretas, teniendo como punto de partida las necesidades, problemas y aspiraciones de todos los pueblos de la tierra, especialmente los más necesitados y pobres. Darle el toque humanitario a la globalización implica otorgar al Estado la importancia que posee como la parte especializada del todo; el Estado no podrá, jamás, verse rebasado por el mercado pues no es un hombre o un grupo de hombres, es un conjunto de instituciones que se combinan para formar una máquina reguladora que ocupa la cumbre de la sociedad. En conclusión. para tener un verdadero enfoque humanitario, la globalización debe tener una concepción del ser humano, diferente a lo que deja apercibir en sus planteamientos y criterios; ella parece limitar a los hombres y mujeres a su capacidad de generar beneficios económicos, exalta el individualismo y la persona humana es solo un instrumento productor y consumidor, solo eso.Hoy, en tiempos de globalización y de tantos enfoques que olvidan que el ser humano, lejos de ser solo materia, también es espíritu. Vale la pena como lo plantea Leonardo Santana Rabell en su obra “Fulgor y Decadencia de la Administración Pública en Puerto Rico”, ir en rescate de los conceptos que vayan más a la esencia humana, es decir a los aportes filosóficos; como él bien reconoce, “precisamente una de las grandes preocupaciones de los estudiosos de la Administración Pública en los Estados Unidos es rescatar los temas clásicos de la filosofía y la teoría políticas, que durante mucho tiempo permanecieron relegados por los enfoques técnicos y empresariales”. 1

Investir de humanidad a la globalización requiere, ante todo, inducir la magna revolución que se fundamente en el justo y recto concepto del hombre mismo. Implicaría instrumentar una economía desde la realidad del mundo y del hombre.

6. ¿Y MEXICO?

México habrá de enfrentar grandes retos ante el desafío de la globalización; indudablemente que el contexto nacional, de características especiales por vivir en momentos de una alternancia política que más bien parece en momentos conducir al desequilibrio y pérdida del control, ubican al gobierno de México en una posición verdaderamente crucial pues si en verdad la globalización representa la posibilidad de ofrecer beneficios, debe velar porque éstos lleguen al pueblo.

No así, y a pesar de los pesares, México juega una posición de verdadera vanguardia en el contexto latinoamericano; la presencia de nuestro país ha sido, es y será seguramente determinante para que exista un mejor entendimiento y vinculación entre los países de América del Norte y del Sur. Recordemos que México ha sido el país que más acuerdos ha suscrito con diversos países, pero hasta ahora el crecimiento económico no se ha traducido en desarrollo, es decir, hasta hoy la población mexicana, harta de desigualdades y desesperanzas, no recibe los beneficios del mercado globalizado a no ser de ser receptora de los efectos de la transculturación que han robado identidad, impuesto modas anacrónicas y desvirtuado, claro que sí, el proyecto de nación.

México, hoy y en el futuro, debe aprender a gobernar la globalización. El actual gobierno de México, debe reconocer que la globalización no beneficia a todos y que, por el contrario, podría coadyuvar en profundizar aún más las diferencias; la imposibilidad de que la globalización beneficie a todos ha sido asumida en diversos ámbitos y países; en este orden, por ejemplo, “los beneficios de la globalización no son para todo el mundo, incluido mi país’, declaro Hillary Clinton, esposa del presidente estadounidense, en referencia al trato que reciben mujeres citando el tráfico de mujeres como su ‘subproducto más trágico’. ‘El 70 por ciento de las personas más pobres del planeta son mujeres’, dijo y destacó que para ellas ‘la globalización no significa sino marginación”. 2

Y más sorprendente fue la declaración del propio Banco Mundial, en abril del 2000, cuando en un informe reconoció que “algunos aspectos, como la liberalización excesivamente rápida del sector financiero, han dañado en ocasiones a los pobres… /y/…la apertura de los servicios financieros puede llevar al desastre si el terreno no está bien preparado”.3 Nuestro gobierno debe tomar en cuenta estas consideraciones antes de hacer alarde de la posibilidad de convertir a nuestro país en el “jardín de las delicias” a través de la globalización. En efecto preciso es primero preparar el terreno antes de tomar las grandes decisiones en diversos puntos pero, fundamentalmente, en el relativo a la reforma del Estado con todo lo que ella implica: los alcances del Estado Mexicano, la evaluación de su funcionamiento, y una profunda revolución administrativa que incluya no solamente la reforma a procedimientos sino, y sobre todo, los cambios en actitudes y aptitudes no solamente en los servidores públicos sino en la ciudadanía para que ésta asuma su responsabilidad ante el Estado pero, fundamentalmente, ante sí misma.

Respecto a las áreas de servidumbre es claro que existe la enorme posibilidad de que México se encuentre dentro de esa categoría en atención a las condiciones de extrema pobreza que viven tantos y tantos mexicanos. Al respecto, “así aparece el panorama de México: 53 millones de mexicanos viven en la pobreza; 24 millones de ellos, en pobreza extrema. Es decir, de 100 millones de mexicanos, 53% es pobre, y la cuarta parte, ‘pobre-pobre”. 4

Lo anterior nos obliga, como mexicanos, a asumir que es enorme el compromiso que tenemos en el sentido de hacer del nuestro, un pueblo digno que se encamine con paso seguro en el incierto camino de un fenómeno que todavía no aclara muy bien sus fines, sí, justamente, me refiero de nueva cuenta a la globalización.

 

Continuará.

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