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TRANSPARENCIA Y RENDICION DE CUENTAS. HACIA UNA NUEVA VISION DEL SERVICIO PUBLICO.
Felipe Díaz Garibay
Parte 3 y última
2. EL SIGNIFICADO DE LA RENDICION DE CUENTAS. LA VISION DESDE MEXICO.
Rendir cuentas va un poco más allá de lo que a simple vista el ciudadano común pudiera creer o imaginar; ésta tiene connotaciones muy profundas, que van más allá de un simple “reporte” o un mero “informe”, seco, frío, marcado por la retórica y la numerología o las frases huecas enmarcadas en la más pueril de las demagogias. Rendición de cuentas es hacer saber al ciudadano la importancia que posee, es entenderlo en su máxima expresión como persona pero, fundamentalmente, como humano, y es que ésta alcanza a “lo público” en toda su magnitud, nada escapa a ella o, al menos, no debe escapar.
Pero ¿qué es en sí la rendición de cuentas? A simple vista pudiéramos pensar que es la obligación que tiene todo funcionario público de informar a sus gobernados de los logros de su gestión. Este tema está muy vinculado con la transparencia, ya que se publicita todo el acto de Gobierno y se mide la eficacia del mismo.
En nuestro país, cada año, el presidente en turno rinde un informe pormenorizado de su gestión, al igual que los gobernantes de los Estados y de los Municipios. Es pertinente aclarar que durante mucho tiempo, y todavía en muchas instancias, estos informes han sido verdaderas ceremonias protocolarias que solo rinden culto al gobernante en turno; aunque cabe destacar que en los niveles locales en la actualidad se busca, paulatinamente, establecer medidas más rígidas para asegurar la transparencia y buen manejo del uso de recursos públicos en estados y municipios. Hoy, gracias a la visión más completa de la nueva relación entre Estado y sociedad, existe una exigencia, por parte de los legisladores, de poder revisar esos informes detalladamente a través de la glosa y exigir los resultados planeados y programados de acuerdo con el gasto ejercido y solicitado. ¿Pero y qué pasa con la ciudadanía común? ¿Por qué no gozamos de ese derecho detallado de revisión? Evidentemente la idea de la transparencia es esa, tener acceso ilimitado a la información del gobierno. Para poder participar en forma más activa en las decisiones fundamentales del país. Esos son los alcances que pretende objetivar la llamada rendición de cuentas.
Las medidas de la rendición de cuentas, en tanto nueva forma de gobernar, son acciones tendientes a erradicar paulatinamente a la corrupción, flagelo que ha azotado a casi todas las sociedades del mundo, en distintos niveles y formas; nuestro país, por supuesto, no ha escapado a ello. Con estas medidas se esbozan programas, que una vez implementados, lo único que resta es darle el seguimiento necesario para verificar el cumplimiento de los objetivos trazados. Se han clasificado en dos tipos: las preventivas y correctivas. Las primeras tenderían a formar una nueva cultura de ciudadanos, con otra visión, la de trabajar honestamente y recibir el justo pago; la de pugnar por autoridades honestas y profesionales en su quehacer; la de leyes sencillas en su entendimiento, pero enérgicas en sus sanciones. Las segundas, de exigir un justo castigo a los responsables que han saqueado o han hecho fortuna con los recursos públicos en forma indebida o de los que han abusado del poder; la que impida que la impunidad se pasee libremente por doquier, y la del freno a la dictadura burocrática.
El proceso de democratización en México, que podríamos decir comenzó en los años ochenta y atraviesa una importante etapa con la llegada a la Primera Magistratura del país del Partido Acción Nacional en el 2000, tuvo como consecuencia la atenuación de la corrupción política, principalmente. Sin embargo, la corrupción administrativa sigue siendo un grave problema y uno de los principales retos que enfrenta la actual administración. Indudablemente el sistema constitucional de pesos y contrapesos se ha fortalecido y el voto ciudadano y la libertad de prensa han logrado un mayor control sobre los actos de los servidores públicos. No obstante, los incentivos para los vendedores y compradores de sobornos hoy siguen siendo elevados, persiste una cultura de ilegalidad y los mecanismos de participación ciudadana y rendición de cuentas aún son incipientes.
La actual administración ha puesto en marcha una estrategia integral de combate a la corrupción, que involucra a toda la administración pública y a los distintos sectores de la sociedad, basada tanto en líneas de acción preventivas como punitivas. Aunque aún queda un largo camino por recorrer, y se prevé que tomará más de dos décadas erradicar este fenómeno, la estrategia promovida por el presidente Vicente Fox representa un importante esfuerzo y un buen inicio en la lucha contra la corrupción.
La instrumentación de esta estrategia ha representado una ardua tarea. Se enfrentan resistencias del aparato burocrático, que está permeado por inercias e intereses creados. Además, la aprobación de reformas legales relacionadas con este tema se ha visto frenada por la polarización de las fuerzas políticas en el Congreso de la Unión. Las cosas no han cambiado del todo y a principios del actual régimen y específicamente al año de su ejercicio, México salió reprobado (con 5) de acuerdo al Indice de Transparencia Presupuestaria, elaborado por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y que mide la rendición de cuentas, la oportunidad y accesibilidad a la información del gasto público.
Asimismo, las deficiencias en la procuración y administración de justicia obstaculizan los procesos judiciales para sancionar a aquellos que cometen actos de corrupción. Sin embargo, se puede afirmar que la nueva estrategia de combate a la corrupción ha comenzado a sentar las bases para que, en el largo plazo, se consolide una cultura de transparencia y legalidad en la relación entre la sociedad y el gobierno mexicano. Habrá que esperar al transcurso del tiempo para visualizar sus éxitos y aciertos.
3. CONCLUSIONES
Las nuevas relaciones entre el Estado y la sociedad, precisan de nuevos conceptos y nuevas formas de ver la democracia que sin duda es una de las máximas aspiraciones de las sociedades a través de la historia. La transparencia, la rendición de cuentas y leyes más justas que resten el poder discrecional de la autoridad, surgen como imperiosa necesidad en ese transitar hacia nuevos modelos de convivencia; todos estas instancias son valiosas, pero es claro que no es posible su interacción si no tienen el impulso de la voluntad humana para accionarlas. Muchos esfuerzos quedan solamente en el mero discurso y el intercambio de retórica.
No hay conducta humana, en todo rincón de la tierra, que no sufra de la tentación a corromperse, tentación que no necesariamente implica el que se decaiga en una conducta anómala. Todos los sistemas gubernamentales están infectados por el virus de la ambición, por lo que requieren reestructurarse; el mundo en sí, requiere de una reestructuración, de un reacomodo de conceptos, ideas, planes y de visión del futuro; las religiones lo han intentado, pero desgraciadamente han provocado muerte y destrucción, parece que la paz y el amor que profesan, encuentran su camino en el aniquilamiento del semejante por pensar y creer diferente. La reestructuración debe generarse como un recordatorio a nuestra misión en la vida: nacer, crecer, reproducirnos y morir. Hemos olvidado el calor del Sol cuando acaricia nuestra piel o la suave ventisca que remueve nuestro pelo. Gozar el beso del hijo bienamado y de conocer sus primeros pasos y logros en la vida. Retomar nuestros pensamientos ¿de qué es el hombre? y ¿cuál es su misión? Erradicar la corrupción sería uno de los primeros pasos, pues ella es fuente de odio y división. Tal vez suene utópico, pero hay que empezar desde las raíces, combatiendo la pobreza, educando mejor y exigiendo la honestidad debida a nuestros gobernantes.
En México, existen condiciones óptimas para lograrlo; ha existido un cambio en el gobierno; el 6 de julio representa de alguna forma el parteaguas en la concepción de un nuevo modelo de nación. El presente régimen bien puede representar el rompimiento del pacto silencioso de complicidades que se daban entre servidores y empleados públicos, y, entre la misma ciudadanía pero desafortunadamente se ha avanzado poco pues existen aún fuertes atavismos que tuvieron la oportunidad de enquistarse durante siete décadas y siguen vigentes, ahí, dentro del propio sistema, actuando, corrompiendo y haciendo que los afanes que llevaron a Vicente Fox Quesada al poder se conviertan en meros sentimientos frustrados como de hecho así parece ser.
Para combatir al flagelo de la corrupción no bastan las buenas intenciones, ni los programas de escritorio, sino una estrecha coordinación entre autoridades y gobernados; donde se eliminen trabas que obligaban a la discrecionalidad del funcionario; donde los trámites gubernamentales no tarden una eternidad en resolverse; donde las cosas se faciliten al ciudadano y no opte por el camino de la "mordida", por no perder su tiempo; donde se sienta a la justicia pronta y expedita como reza nuestra Constitución Federal; donde las acciones públicas sean transparentes; donde el responsable rinda cuentas ante la justicia y donde prevalezca los valores de justicia, libertad, certeza, igualdad y verdad.
Las reformas legales en la materia, han logrado plasmar la exigencia de una eficiencia administrativa y un rechazo a prácticas deshonestas, pero el camino aún es largo; falta la voluntad política y la sensibilidad social para resolver los grandes problemas nacionales, como el combate a la pobreza y a la marginación; el abandono del campo y la reivindicación de la clase obrera. Hace falta al interior de nuestro sistema político un cambio de actitudes y aptitudes para ser consecuentes con los nuevos tiempos.
Sin resultados claros, todo lo que se aporte sobre el tema de la corrupción será en vano, pues la necesidad siempre se impondrá a la moral o al sacrifico; en pleno auge de la implantación del modelo de rendición de cuentas en México, se detectó que éste es altamente ineficaz y no existe por ejemplo presencia de la ciudadanía en la elaboración del Presupuesto y el Gasto Público; además, que la información sobre los recursos públicos es inaccesible e inoportuna. La actitud de muchas instancias gubernamentales reflejan en el momento presente esta anomalía y de ello han dado buena cuenta recientemente los medios de comunicación pues acusan que los portales de transparencia del Gobierno Federal ofrecen información incompleta sobre los ingresos de los integrantes del gabinete presidencial, cuyos montos también registran diferencias entre sí, con lo que puede afirmarse que la transparencia llegó a medias al Gabinete presidencial: sólo 9 de los 19 Secretarios de Estado cumplen cabalmente con la Ley y el Reglamento de Transparencia y Acceso a la Información Pública al dar a conocer de forma clara sus sueldos y compensaciones.
Pero el pesimismo no nos debe corroer; las grandes luchas siempre han tenido escenarios desiguales, mientras más resistencia exista más fácil podrán derrumbarse las paredes de la impunidad.
El camino está abierto, entonces, para proponer medidas y acciones que contengan alternativas viables que no se pierdan en el saco de los buenos deseos y que preparen a la sentida sociedad mexicana para los tiempos futuros, tiempos en los que debe hacer oir su voz y hacer sentir su presencia independientemente del partido que disfrute de las mieles del poder e independientemente, también, de las actitudes mezquinas de la gran mayoría de esos que dicen “servir a México” y que detrás de una piel de cordero esconden al más ruin de los seres.
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