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EL PAPEL DE LA DEMOCRACIA ACTUAL, EN LA MESA DE DISCUSION
Felipe Díaz Garibay
El análisis de la democracia representa uno de los más concurrentes debates al interior del análisis de la ciencia social ya que presupone, encontrar modelos de gobierno que incluyan un Estado fundado en al consentimiento social que determine y aplique las reglas para la justa convivencia de la sociedad y tenga, como centro de su actividad y como fin último, el bienestar del ciudadano. La respuesta a este dilema precisa de retomar los aspectos prácticos de la democracia pues a ella están inscritas, en definitiva las concepciones de la política y de las formas de administrar y gobernar, es decir, es preciso definir no cómo ha sido descrita en los tratados sobre ella, sino, fundamentalmente, cómo ésta es asumida por los gobiernos del mundo. Hablar de ejercicio democrático sano implicará a partir de este análisis la concepción de un “buen gobierno” y, por ende, de una Administración Pública eficiente y eficaz.
La ola democrática de las dos últimas décadas parece haberse detenido y muchos países retroceden al autoritarismo o enfrentan tensiones sociales y económicas cada vez más intensas. En efecto, en teoría, el mundo es más democrático que nunca (140 de 200 países realizan elecciones), pero en la práctica sólo 82 son plenamente democráticos con respecto a los derechos humanos, prensa libre y poder judicial independiente. Aunque ha habido progresos sustanciales en los últimos decenios, en la mayor parte del mundo, muchos países de Europa Central y oriental, la ex Unión Soviética y África Subsahariana descendieron en el índice de desarrollo humano.
Hablar de democracia no es hablar simplemente de “elecciones”; muchos creen que por el hecho de participar en elecciones, se vive una plena democracia; están equivocados quienes creen que la democracia se funda exclusivamente en la posibilidad de votar libremente cada cierto tiempo; los alcances del gobierno democrático van mucho mas allá y hoy puede apreciarse, con franca verdad, que la democracia está en crisis, y es que ésta ha sido superada ya por las propias circunstancias; a las cambiantes sociedades modernas les queda corta ya la democracia. En cierta forma, la democracia se ha degenerado a grado tal que ahora está compuesta por una creación mediática de los líderes de la escena política, los que son inventados por el propio marketing como si se tratara de estrellas de la farándula. La experta percepción de Norberto Bobbio encuentra a una democracia establecida en el conjunto de reglas que establece quién está autorizado para tomar las decisiones colectivas y bajo qué procedimientos. Puesto que por el grupo decide un individuo, estas reglas hacen valer la decisión tomada por este como grupal. De esta suerte, el régimen democrático se caracteriza por atribuir el poder de la toma de decisiones. Esta atribución, con el respaldo de ley se convierte en un derecho. La regla fundamental de la Democracia es la “Regla de la Mayoría” y sus decisiones se consideran colectivas y obligatorias y, por lo tanto unánimes; la unanimidad se da, así, solamente en grupos pequeños u homogéneos.
Bobbio realiza un análisis que aporta valiosos elementos en la mejor comprensión de la democracia actual; son rescatables las seis promesas falsas que nos permiten visualizar la perspectiva ideal y la “cruda realidad” de esta forma de gobierno. Del nacimiento de la Sociedad Pluralista, la reivindicación de los intereses, la persistencia de la oligarquías, los espacios limitados, los poderes invisibles, los ciudadanos no educados o carentes de virtudes, indudablemente es la escasa cultura política ciudadana, de los males, la peor.Sin educación y cultura política difícilmente podríamos hablar de justicia, por ellas hemos tenido infinidad de progresos y por ellas también sería posible erradicar o dar marcha atrás en múltiples anacronismos que aquejan hoy a la humanidad. La democracia moderna no puede tener más individuos pasivos, preferidos, desde la óptica de Bobbio, por los gobernantes pues requiere de menor esfuerzo su control; nada más aberrante que la ignorancia humana que hace más que no entender las realidades, soportar tanta desigualdad y tanta injusticia. Los ignorantes, por “aras del destino” son la carne de cañón de los “hábiles gobiernos” de nuestros días, “sabedores de todo” y expertos en nada, que bien han sabido lisonjear los vicios y denigrar las virtudes pero, sobre todo, autorizar a la ignorancia y desacreditar la sabiduría. En el pasado siglo el mundo se ha movido hacia la democracia. En la primera década las monarquías, reinados y dictaduras eran la forma de gobiernos predominantes. La revolución rusa en 1917 introdujo al mundo el Comunismo, sistema que teóricamente es igualitario, pero los hechos y la práctica demostraron lo contrario. Esta revolución trajo por consecuencia después de la segunda guerra mundial lo que se denomino como la "Guerra Fría" y un sistema internacional bipolar que bien puso al mundo al borde de la guerra pues el afán paranoico de los Estados Unidos y la Unión Soviética, fue implementar o imponer sus sistemas de gobierno en todo el mundo. En este escenario nos encontramos con el apoyo estadounidense de las dictaduras en Latinoamérica y en la región del caribe. Esto continúa hasta durante la década de los sesenta y principios de los setenta; a mediados de los años ochenta, durante la administración del Presidente estadounidense Ronald Reagan y mientras Rusia era gobernada por Mikhail S. Gorbachev, cae lo que era una súper potencia y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas deja de existir como producto del sinnúmero de contradicciones propias del modo de producción socialista. Por consecuencia, los Estados Unidos de Norteamérica, de la noche a la mañana, se convierten en la única súper potencia en el mundo y adoptan la política que definieron como un "Nuevo Orden Mundial". Al no tener oposición se convierten en lo que podríamos concebir como una “Policía Mundial”. Con este tablero los movimientos hacia la democracia mundial se manifiestan en un proceso acelerado y se puede constatar que entre 1900 y el 2000, de una forma u otra, una gran mayoría de países, opta ya por el sistema democrático y sus valores. En este proceso evolutivo la civilización ha pagado un precio extremadamente alto las perdidas de seres humanos sobrepasan los 500 millones. Sin embargo, la pobreza la marginalidad y los conflictos continúan y no es posible vislumbrar, en el corto plazo, la añorada paz mundial. La globalización es, así, un fenómeno inevitable que se precipita con los avances tecnológicos, con los medios de comunicación y con los mercados afectando de una manera u otra a todas las naciones. Esto significa que las naciones desarrolladas con la mejor estructura política, social y de manejo de información serán las beneficiadas por esta mundialización. Los Estados subdesarrollados sufrirán en esta evolución acelerada y se pudiera teorizar que pudiesen ser absorbidos o afectados de manera adversa por las naciones desarrolladas. Aparentemente y utilizando una óptica cerrada se pudiese asumir que el futuro y el desarrollo de la democracia, en el ámbito global, pudieran ser saludables lo que es bastante criticable en término pues no es posible juzgar el libro por la cubierta, pues seguramente podría sorprendernos su contenido. Los hechos hablan por si mismos, y sin entrar en muchos detalles la corrupción, politiquería, negación y violaciones de los derechos humanos entre otros males son hoy en muchas naciones sinónimos de democracia. En su forma pura y transparente la democracia no es una real posibilidad en estos momentos, la forma en que ha evolucionado no es aceptable. Por esto me refiero a que, existe la posibilidad que la democracia se convierta en un sistema peor que los sistemas a principios del siglo dado a los males citados, las economías capitalistas, los gravámenes por impuestos, las sobre regulaciones y la fragmentación de la ideología del concepto en sí. Uno de los mayores peligros que enfrenta la democracia es el capitalismo como sistema económico. Dicho sistema va en contra de una real democracia y solamente sirve el propósito de los grandes intereses. El capitalismo es el factor clave que ha llevado a los Estados Unidos de Norteamérica a ser la mayor potencia en el mundo, pero debemos de estar concientes de quienes han pagado el costo de esta asunción. De entrada, debemos tomar conciencia que la nación que en este momento maneja y manipula eficientemente las informaciones y economías mundiales son los Estados Unidos de Norteamérica; es este país el que tiene el mando en el proceso de globalización y, por consiguiente, se puede dar el lujo de determinar, hasta cierto punto, el futuro de la sociedad mundial con una influencia irrefutable en todos los aspectos de nuestras vidas. Hoy, el discurso político se inscribe en el clásico intercambio de retórica, fría, hueca y sobre todo irrisoria; todos se refieren a la integración económica, al libre comercio, a la necesidad de combatir la pobreza extrema, a la urgencia de abatir el crimen organizado, como condiciones para garantizar la gobernabilidad en los países del orbe y también se refieren, los más atrevidos, a la sustitución del Estado por el Mercado; pero pocos, realmente muy pocos, se refieren a la necesidad de replantear la democracia a efecto de hacer vigente el fin y el objetivo de un Estado que aunque plenamente conceptualizado hoy mal funciona; todo ello sugiere interrogantes: ¿gobernar para quién y para qué?, ¿para el mismo Estado que ahora está más que fraccionado y personalizado?, ¿o para las grandes mayorías que son, más que el territorio, las banderas o los himnos, las que dan vida, movimiento y razón de ser a un Estado? Lo triste del caso es que el Estado, como estructura y como la mejor forma de organización social hoy ya no es tan eficiente y no porque sea malo en sus fines y objetivos que naturalmente le dieron origen, sino porque con el paso de los años, los lustros, las décadas y los siglos el hombre mismo, en su afán de dominio, tanto lo ha viciado.
Así las cosas, vale la pena, entonces, aventurarse en esa gran cruzada para perfeccionar a este “hombre invisible” que, desde tiempos inmemorables, en efecto, ha sido nuestro eterno, aunque no tan fiel, compañero.
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