EL TRABAJO DE NUESTROS LEGISLADORES: MUCHO RUIDO… POCAS LEYES.

Felipe Díaz Garibay

 

Durante el mes de julio del año 2003, específicamente en la del domingo 3 de agosto, al referirme yo al Congreso de la Unión, sí en efecto, a nuestros diputados, entiéndase a “nuestros representantes”, traté lo relativo al trabajo de la legislatura que estaba a punto de concluir sus funciones, dejé clara mi postura respecto de ella al plantear que, cito: “La legislatura que está a punto de concluir sus funciones, estuvo durante el período de su encargo –y ruego me disculpen por usar esta expresión-, dando vueltas como un perro detrás de su cola y, como fue claro, jamás decidieron nada trascendente; no pudo crearse ningún tipo de consenso, excepto para dilatar la reformas y cambios estructurales que le hacen falta al país; mientras tanto, la situación de la población se sigue deteriorando cada día que pasa y sin acuerdos políticos. Fueron más las divergencias que las convergencias en la legislatura que está a punto de concluir. Fue más la desunión que imperó en lo que, en nuestro país, se denomina el ‘Congreso de la Unión”.

Y el “trabajo” recientemente realizado durante el primer periodo ordinario de sesiones de la LIX Legislatura, electa en julio del 2003 e instalada el mes de septiembre del mismo año, no dista mucho de mi reflexión. Las cosas nada han cambiado, y es que si hacemos un recuento de los temas que ocuparon el tiempo de los “legisladores” de septiembre a diciembre del referido año, veríamos que fueron, fundamentalmente: durante el mes de septiembre, el Pemexgate; durante octubre, la designación de Consejeros del IFE; en noviembre los ocupó totalmente la pugna interna del PRI; y, en diciembre, la fallida Reforma Fiscal.

Lo grave del caso es que los diputados federales de la actual legislatura terminaron su primer periodo ordinario de sesiones sin concretar la Reforma Eléctrica, la Reforma Fiscal y sin aprobar siquiera el Presupuesto de Egresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal de 2004 (valga decir que en el 2000, el presupuesto se aprobó el 28 de diciembre; en el 2001, el 29 de diciembre, y en el 2002 lograron sacarlo el 16 de diciembre). Y digo que es grave sobre todo si consideramos las apreciaciones de los sectores productivos del país en el sentido de considerar que de no realizarse los cambios estructurales que el país requiere –entre ellos las multicitadas Reformas Fiscal y Eléctrica- difícilmente México podrá transitar hacia un proceso de crecimiento acorde a los requerimientos actuales. Pero a ellos poco les interesa eso; son los colores y las siglas, por no decir que los intereses facciosos que al interior de nuestro Congreso se mueven, lo que los tiene totalmente ocupados y pre-ocupados.

En los tres meses y medio que duró el actual periodo ordinario de sesiones, en 28 sesiones se presentaron 178 iniciativas, pero sólo se aprobaron 11 (¡!). Entre ellas destacan las modificaciones a la Ley General de Salud para crear el Instituto Nacional de Medicina Genómica; otra para desarrollar programas de prevención, tratamiento y control de la obesidad y la desnutrición y una para precisar cuáles deben ser las condiciones médicas para diagnosticar la muerte encefálica. También se modificó la Ley Federal de Protección al Consumidor para dotar de mayores facultades a la Profeco; se creó la Ley Federal de Fomento a las Actividades Realizadas por las Organizaciones de la Sociedad Civil, con la que se pretende fomentar las acciones de las agrupaciones civiles, así como determinar sus derechos y obligaciones, y establecer estímulos y apoyos públicos.

Nada verdaderamente trascendente si partimos de la consideración que México requiere, ya, un trabajo legislativo desde otras perspectivas, podríamos decir que desde una visión de nación más íntegra.

Pero veamos cada uno de los temas que mantuvieron tan ocupados a nuestros legisladores.

El Pemexgate.

En un país como el nuestro, donde los pactos políticos “tras bambalinas” son la norma que rige en lo político, sometiendo incluso al derecho a los arreglos de bancadas legislativas, grupos y facciones, aplicar la justicia en un caso como el multisonado Pemexgate es simple y sencillamente imposible. Es de muchos conocida la esencia de este asunto cuyo proceso, al igual que el de los “Amigos de Fox”, representó solamente el escenario en el cual se buscaría dirimir una lucha de colores y de siglas. Al fin de cuentas, el IFE dictaminó cerrar las investigaciones de este caso que no era otra cosa que el escándalo que invistió a la petrolera estatal Petróleos de México (Pemex) por desvío de fondos públicos al candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional, Francisco Labastida Ochoa; el IFE impuso a este partido una multa de 1.000 millones de pesos (89 millones de dólares), el doble de la financiación ilegal que recibió de Pemex.

La designación de consejeros del IFE.

Altamente contradictoria resultó la reciente designación de Consejeros del IFE. El que se pensó, en su momento, sería un organismo ejemplo de consolidación democrática en América Latina se convierte, paulatinamente, en una institución que ha dado mucho que decir. Es evidente que dicho proceso fue polémico y especialmente cuestionado por un contingente significativo en el Congreso de la Unión. Creo que no queda para nadie duda de que el partido dominante en el Congreso tuvo una profunda injerencia en el resultado de selección de los Consejeros Electorales que acaban de tomar posesión, de ahí que les haya quitado tanto tiempo el designarlos; tuvo que darse los “amarres” y negociaciones con miras al 2006; pero el punto aquí es que esto no tuvo porque haber sucedido y si se dio fue por la imprevisión de la posibilidad de escalonamiento de los Consejeros y por la imposibilidad de reelección de los mismos. Queda, por tanto, por verse si en los futuros procesos electorales se presenta o no una devaluación del voto democrático y volvemos a las viejas componendas de antaño.

La pugna interna del PRI.

La crisis de los partidos políticos no es exclusiva del Partido Revolucionario Institucional; en realidad es un proceso que alcanza a innumerables organizaciones políticas del planeta; y ello sucede porque continúan aferrados a ideologías que nada tienen que ver ya con la realidad que vivimos; la actual fenomenología social ha alcanzado y rebasado ya a los partidos los que se ven obligados a restaurar sus entornos ideológicos, a renovar sus plataformas electorales y a avanzar en sus principios; prácticamente ninguno lo hace; son más fieles a la tradición y añoran en grado sumo el pasado.

Esto es un poco lo que le sucede al PRI, cuya dirigencia ahora se ocupa de luchar por las posiciones olvidándose de las bases, aunque ello no resulta ninguna novedad pues éstas últimas sólo son importantes para este partido –y creo que para muchos-, a la hora de votar. El PRI y muchos otros partidos viven una crisis de liderazgos y, por ende, de representatividad; no es tanto Gordillo o Chuayffet, son las condiciones del propio partido que exigen ya un cambio de actitudes frente al ejercicio del poder y el liderazgo; en tiempos en que la ciudadanía debe ocupar un lugar de primacía en el juego político-gubernamental las cosas al interior de este partido parecen ser en contrario. El juego de intereses, la lucha por las posiciones, son la norma en el desarrollo legislativo de la llamada “bancada tricolor” y fue precisamente el interjuego de los factores reales de poder priístas los que proyectaron el conflicto al interior del Congreso creando la desunión y frenando, premeditadamente, toda posibilidad de avance en el trabajo legislativo.

La fallida Reforma Fiscal.

Con el grito de “ganamos”, muchos legisladores festejaron que la Reforma Fiscal no haya pasado; la pregunta que resalta aquí es: ¿quién ganó realmente?, ¿el pueblo de México?, ¿los que menos tienen como dijeran diputados priístas? En términos estrictos, nuestros legisladores no tienen ni la menor idea de lo que significa la cultura tributaria. Si bien muchos han dicho que falta vergüenza entre los conductores de la nación, también carecen de ella quienes desde el Congreso se opusieron a analizar y conocer a fondo esta reforma. Lo que sí queda claro es que, una vez más, resultaron perdedores justamente aquéllos que menos tienen, las ganadoras de nueva cuenta fueron las grandes firmas, aquéllos que gozan de grandes privilegios y evaden sus obligaciones fiscales.

Queda claro, una vez más, que el actual régimen está condenado a vivir toda clase de vilipendios de parte de aquéllos que todavía no asimilan sus derrotas, de aquéllos a los que la historia paulatinamente les ha hecho cuentas; de aquéllos que aún no se percatan que desde el mismo Congreso, después de haberlo prometido todo, le están fallando a México.

 

 

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