CUBA, EL OTRO CAPITULO

Felipe Díaz Garibay

Parte I

 

Los recientes escándalos políticos en nuestro país, tratados en mi última colaboración inserta en tres partes, de manera inesperada –y lo digo porque en lo personal jamás imaginé que trajera consigo esas consecuencias- tuvieron repercusiones más allá de nuestras fronteras nacionales. Afectaron de manera directa la relación con la isla caribeña de Cuba. Pero en realidad, el problema entre este país insular y el nuestro no se debe de manera exclusiva a los efectos provocados por la estadía de Carlos Ahumada Kurtz en la isla y su posterior deportación a México. Hay muchos otros detalles.

Hace ya varios años, más de una década, específicamente en una serie que se publicó del 9 al 30 de agosto de 1992, en este mismo semanario tuve la oportunidad de referirme a la figura de Fidel Castro, en ese entonces hablaba yo del desgaste de su régimen no solo ante la opinión pública internacional sino, lo más grave aún, hacia sus propios coterráneos, hice hincapié en la importancia del papel que el gobernante cubano jugaba no como tal sino como dictador de una nación que bien parecía estar harta de vivir en un crisol en el que el mundo termina en los mismos límites marítimos que les rodean. Incluía yo la justificación de su presencia como primer mandatario surgido de un noble movimiento revolucionario que debía preservarse pero con cierta apertura al futuro.

En una serie posterior, del 23 de mayo y hasta el domingo 1 de agosto de 1993, publiqué una serie titulada “Política Exterior y Relaciones Internacionales. El Caso de México en la Época Actual” donde definí no solamente el concepto de política exterior sino también las reglas del juego que operan, o al menos deben operar, dentro del sistema internacional.

Hoy, al hablar del otro capítulo de los escándalos políticos en nuestro país, en el que Cuba juega el papel central, es preciso aclarar una serie de situaciones. La prensa nacional ha hecho gala en el tratamiento de este tema, “dimes y diretes” van y vienen, versiones corregidas y aumentadas, múltiples expresiones, adjudicaciones del problema del enfriamiento de las relaciones entre los dos gobiernos –que no países- y al buscar al culpable de todo este extraño desenvolvimiento encuentran –que no es mi caso aclaro- un solo actor: Vicente Fox Quesada, a quien se le responsabiliza directamente por su escasa visión en términos de definir las líneas de nuestro país en materia de política exterior.

Antes de endosar cualquier estafeta de culpabilidad en esta “diferencia diplomática”, y prefiero llamarle así porque el término “conflicto” en términos internacionales tiene, necesariamente, otra connotación, retomaré de nueva cuenta varios conceptos que es necesario aclarar para estar en la posibilidad de insertar el caso Cuba con mayor precisión y, sobre todo, el papel que ha jugado nuestro país dentro de él.

Por esta razón, partiré de definir el concepto y las condiciones en que funciona el sistema internacional para ir después, y de manera obligada, a tratar el de la política exterior como práctica inserta al desarrollo de la disciplina de las Relaciones Internacionales; una vez logrado este objetivo, dedicaré el espacio al desenvolvimiento histórico de la política exterior de México, resaltando sus principios básicos, hasta llegar a los momentos actuales marcados por circunstancias totalmente distintas, incluso, a las que operaban al principio del presente régimen que han obligado, necesariamente, a rediseñar los parámetros bajo los cuales México se ha conducido históricamente.

Así, y por supuesto, al final, veremos de manera directa la relación entre México y Cuba destacando la postura de Fidel Castro y de los múltiples gobiernos mexicanos que le han visto actuar para definir las razones que tuvo el Presidente Vicente Fox al decidir de la forma en que lo hizo. Pues bien, pasemos a ello.


¿Qué es el Sistema Internacional?

De entrada cualquiera pudiera decidir definirlo como al conjunto de países que coexisten en nuestro planeta, otros quizás dirían que es la razón de esencia y existencia de la disciplina de las Relaciones Internacionales y no pocos concluirían, de manera escueta, que es la propia comunidad internacional.

En realidad el concepto “sistema internacional” tiene mucho que ver con la teoría de sistemas que, desde luego, no trataré aquí pues confundiría en grado sumo al lector y poco aclararía la problemática conceptual. Sistema internacional tiene que ver con un cierto acomodo de partes, en este caso países pero, en sí, el significado profundo de sí mismo tiene más que ver con razones de funcionamiento y de relación entre las partes.

Por ello, para definir al sistema internacional primero debemos detenernos en un concepto que es más íntegro: el de "orden internacional" que teóricos internacionalistas lo describen como un conjunto de reglas de juego que regulan las relaciones entre los actores y que se da entre un conjunto de países o sistema internacional en estricto sentido.

El sistema internacional es definido, entonces, como el conjunto de patrones de interacción entre los actores –entiéndase países-, quienes establecen relaciones de poder conflictivas o no, según la compatibilidad de intereses para alcanzar sus objetivos. Para comprender mejor el concepto describiré sus características:

a). Carece de una organización jurídica íntegra, a no ser por el propio derecho internacional que de alguna manera dirime ciertos aspectos de relación pero nunca de la propia organización que el sistema retoma. La Organización de las Naciones Unidas (véase “La Organización de las Naciones Unidas, un aniversario más” publicado el domingo 23 de octubre de 1994 en este mismo semanario) intentó dar orden al propio sistema, aún cuando la historia reciente ha demostrado que la visión del organismo ha quedado verdaderamente corta en virtud de las intenciones hegemónicas de la potencia norteamericana donde radica su propia sede;

b). Es descentralizado, es decir, que carece de gobernante o autoridades. De esta forma el orden estará dado por los actores que dispongan de mayor poder y puede adquirir distintas formas a través del tiempo;

c). Las relaciones que se establecen son de poder en un marco donde las normas surgen de la coordinación de los distintos gobernantes, por lo tanto los Estados cumplen con la doble función de legisladores y jueces;

d). No existe un poder de policía que pueda exigir el cumplimiento de la norma o sancionar por su incumplimiento, y

e). Es dinámico, es decir sus actores –aclaro países-, están en constante movimiento y reacomodo.

Para poder analizar al sistema internacional existe un elemento que es fundamental: la estructura, que viene a constituir la forma que adopta el sistema según las polarizaciones que se dan en las interacciones según las capacidades de los actores; esto implica que un cambio en la disposición de las unidades provocaría un cambio en la estructura del sistema internacional.

A lo largo de la historia se fueron sucediendo diversos tipos de configuraciones (o estructuras) en el sistema internacional y cada una de ellas dependía de la forma en que se planteaban las relaciones entre los actores. El destacado internacionalista francés Raymond Aron, en su trabajo "Paz y guerra entre las naciones" clasifica a los sistemas internacionales utilizando dos criterios: la ideología, que estará manifestada en los regímenes políticos, y la relación de fuerzas o configuración de poder, veamos en que consiste cada uno de los elementos de esta clasificación de gran validez teórico-metodológica.

Continuará.

 

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