CUBA, EL OTRO CAPITULO

Felipe Díaz Garibay

Parte IV y última

 

Carlos Ahumada ¿actor central?

Vistas ya las condiciones en que se ha desenvuelto la relación entre México y Cuba, bien vale la pena ver la forma en que se suscitaron los acontecimientos que, en apariencia, obligaron al rompimiento temporal de relaciones entre los dos países a raíz de la presencia y detención en la isla de un actor central: Carlos Ahumada Kurtz.

Es claro que el caso Ahumada se convirtió en una nueva espada de Damocles que pende sobre las relaciones bilaterales de México y Cuba, al menos por lo que resta del presente régimen. Veamos entonces cuales han sido los aspectos más sobresalientes de la agenda sobre la cual se ha desarrollado esta, ahora, nada fácil relación.

Cuba dispuso la "prisión cautelar" del empresario mexicano Carlos Ahumada, después de haber sido arrestado, el 30 de marzo del 2004, a pedido de México bajo acusaciones de fraude con fondos públicos. El gobierno cubano destacó que la decisión de mantener en prisión a Ahumada fue adoptada tras considerar que este caso pone "en riesgo la seguridad del Estado" cubano, al impulsar "desinformación y calumnias" que intentan presentar a la isla como "refugio para delincuentes".El documento de la fiscalía subraya entonces que la decisión de mantener arrestado al empresario como "medida cautelar", se dictó debido a que no se había recibido solicitud de extradición por parte del Gobierno mexicano que permitiera tomar otra acción legal.

Vale recordar que Ahumada había ingresado a Cuba el 27 de febrero con un visado de turista, luego de haber entregado varios videos grabados donde se observaba a políticos del Partido de la Revolución Democrática (PRD) recibir fuertes sumas de dinero, supuestamente destinado a financiar sus campañas proselitistas. Anteriormente, había declarado a funcionarios de la Procuraduría mexicana que habría sido víctima de extorsiones por parte de políticos del Distrito Federal.

Los videos y sus denuncias hundieron al PRD en la peor crisis política en sus 15 años de existencia, y condujo a un escándalo al destapar la presunta corrupción existente en gran parte de la clase dirigente de la capital mexicana.

Las cosas empezaron a ser confusas, y el gobierno mexicano habiendo solicitado al gobierno de la isla la detención con fines de extradición, más tarde el propio canciller mexicano, Luis Ernesto derbez declaró que el proceso de extradición del empresario Carlos Ahumada a México podría prolongarse hasta dos años a lo que el Procurador General de la República respondió con un total rechazo a la fijación de plazos. Parecía se repetiría la escena de siempre: el delincuente es detenido en el extranjero, pasan los años, después es “extraditado” a México y aquí nada pasa, es exonerado o puesto en libertad a cambio del pago de una fuerte suma de dinero en calidad de fianza.

Pero gran sorpresa tendría reservada el gobierno cubano al enviar al detenido en contraposición a lo declarado en México oficialmente y, así, en calidad de deportado, el empresario mexicano-argentino Carlos Ahumada llegó el 28 de abril del año en curso por la tarde al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México procedente de La Habana en el vuelo 1130 de la aerolínea Cubana de Aviación. El Gobierno cubano había anunciado la deportación tras comprobar que no tiene delitos pendientes en la Isla según un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.

Aún cuando muchos quizás crean que la razón y el motivo de este distanciamiento entre nuestros dos gobiernos –entiéndase entre México y Cuba- fue un motivo llamado Carlos Ahumada, las razones encuentran su sustento en las reflexiones planteadas en la tercera parte de esta serie. Carlos Ahumada no fue mas que el elemento detonante que arrastró a los “dimes y diretes” entre ambas partes.


El futuro inmediato de la relación bilateral.

Hay quienes tienen la certeza de que la patria mexicana bien se ha librado de graves conflictos internos gracias a las brillantes labores de inteligencia con que las instancias del gobierno mexicano han logrado detener a tiempo los intentos del Partido Comunista de Cuba para desestabilizar a nuestra sistema político; a tiempo se supo que, subrepticiamente y en repetidas ocasiones, miembros importantes del comité central de ese partido habían realizado visitas a nuestro país reuniéndose con diversos personajes políticos, fundamentalmente con miembros del Partido de la Revolución Democrática, para, seguramente como se comenta a los cuatro vientos, convencerlos de la necesidad de llevar a cabo una insurrección destinada a instaurar en nuestro país un régimen sustentado en modelos, según lo ha demostrado la propia historia, totalmente superados.

Aún cuando muchos también creen estar ciertos de que, por la reacción en esta problemática, el titular del Poder Ejecutivo federal ha sentado un peligroso precedente en las relaciones exteriores de México, al convertir un problema interno, un asunto meramente judicial, en un conflicto internacional, la situación debe ser analizada en su cabal connotación, en toda su dimensión. La soberanía del país no puede estar sujeta a nada, es el derecho de autodeterminación de un país. La única posibilidad de establecer contactos con otras naciones extranjeras es establecer una relación de igualdad.

Aún cuando en la Cumbre de Guadalajara, realizada en días pasados, hubo ya un acercamiento entre los dos países, quedan aún sin resolver los problemas de fondo de esta relación, donde los factores Ahumada y los ocultos visitantes cubanos, cuyos objetivos no han quedado del todo claros, juegan un papel determinante.

Es así que creo que las relaciones México-Cuba no van a mejorar en este sexenio aunque tampoco quizá empeoren. El multisonado caso de los llamados vergonzosamente “video escándalos”, es un factor que enrarece el ambiente hacia el interior del país. En México nos espantamos de este tipo de cosas porque no estamos acostumbrados a ellas; pero en otros países democráticos, con mas historia de democracia ya que nosotros tenemos apenas unos segundos dentro de la historia democrática del mundo, el papel de los medios de comunicación se sustenta en señalar lo que esta mal; el papel de la autoridad es de corregirlo en forma pública y que no quede duda de la justicia en su actuar.

En nuestro país aun no tenemos plena independencia, la justicia y los procesos, dependen de la autoridad política, con lo que es muy difícil que la gente no tenga dudas sobre sus resultados…cuando los hay claro.
Tal y como pude dejarlo claro, la historia de las relaciones México-Cuba, ha sido una de intercambios culturales y políticos intensos que nos vinculan y que, en realidad, hoy no debemos perder en definitiva por uno o varios incidentes producto de la prepotencia de un régimen dictatorial y de otro que carece de líneas claras de política exterior, eso sería muy grave.

Si en la Cumbre de Guadalajara nuestros cancilleres se dieron el beso de Judas, aún quedan pendientes muchas de las razones de fondo del problema entre nuestros dos países, razones que parece quedarán a la deriva pero que no muy lejos habrán de pesar mucho sobre el futuro de la política interna de nuestro propio país. Es el efecto boomerang (centrífugo-centrípeto, hacia fuera y hacia adentro) de las relaciones internacionales, aquél que, sale de nuestro interior, se proyecta más allá de nuestras fronteras y, desde fuera, afecta el sano desenvolvimiento de nuestros quehaceres políticos y cuestiona, en grado sumo, el desempeño de nuestro régimen.

Dicen los que saben, que la política es la continuación de la guerra por otros medios, según la cita clásica; la diplomacia sería, a su vez, una de las estribaciones más comedidas y civilizadas de la política: diálogo con los otros, cortesía y firmeza, capacidad de negociación y, sobre todo, arte de dirimir las diferencias evitando asperezas. Si algunos dicen, y con cierta razón aunque en lo personal no les doy el crédito total, que a esos rasgos de la diplomacia profesional no han hecho honor los políticos y administradores mexicanos encargados de los tratos oficiales de nuestro país en el escenario internacional, yo también creo que en el trato más allá de nuestras fronteras deben agotarse los canales diplomáticos, pero éstos, en definitiva y como lo demuestra la historia, para los dictadores jamás han existido.

 

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