JUVENTUD Y PARTIDOS POLITICOS, UNA RELACION QUE NECESITA PRECISIONES

Felipe Díaz Garibay

Parte I

 

Dentro del desarrollo político actual, resulta de vital trascendencia, a efecto de definir los nuevos caminos de la democracia, abordar los temas fundamentales vinculados al papel de las organizaciones denominadas “partidos políticos” para el fortalecimiento del proceso democrático. Un tema especial dentro de la agenda de la temática partidista lo constituye la relación que entablan los partidos con un sector muy importante dentro del trabajo que desarrollan dentro de las sociedades donde actúan: los jóvenes.

Y es justamente la relación de los partidos con sus bases –de hecho con todos los sectores aunque muy especialmente con el juvenil-, la que pone de manifiesto, una vez más, el agotamiento del sistema de partidos políticos, producto de serias deficiencias estructurales que dañan su nivel de representatividad y la legitimación del sistema político en general. Este contexto plantea un gran desafío para los jóvenes, no sólo porque éstos son la mayoría de la población, sino porque ellos, con su entusiasmo y creatividad, pueden convertirse en portadores y facilitadores de una nueva forma de hacer política.

Sin embargo, preocupa el hecho -y a mi en lo personal no solamente me preocupa sino que me alarma- de que se percibe apatía en los jóvenes en la adopción de compromisos que tiendan a la transformación de la sociedades, por ejemplo la mexicana. Pudieran referirse cientos de motivos, varios de hecho, que son los que han venido a provocar estas condiciones; y es que en este escenario encontramos, fundamentalmente dos facetas interesantes: a). Al joven carnada de los líderes partidistas y de sus propias aspiraciones y expectativas y b). Al joven menospreciado por las organizaciones políticas e incluso sociales, en virtud de ser considerador un sector “carente de experiencia”.

La verdad es que para ciertos dirigentes, solo tienen experiencia aquéllos que han crecido o se han formado a su lado, es decir sólo aquéllos a quienes han hecho a su imagen y semejanza, en el ámbito de la inmundicia y sometidos a las pruebas de la inmoralidad y la pérdida de valores; los demás, serán solamente esa masa capaz de lanzar vivas y porras cuando es necesario, sobre todo cuando se trata de exaltar a figuras públicas que, de hecho, no se identifican en nada con las causas de este sector.

El joven entusiasta, propositivo, inquieto, honesto, estudioso y con un proyecto de vida definido, en causas y fines, si ha cometido el “error” de haber dedicado la mayor parte de su vida al estudio y sale, una vez concluidos estos, en busca de oportunidades, por no tener cierta formación en los jaloneos de la vida, desde la visión de muchos dirigentes, prácticamente no sirve para el trabajo partidista a menos que sea sometido y exente las pruebas ya referidas.

La experiencia de muchos que en algún momento de nuestras vidas fuimos jóvenes, delata estos esquemas; hay que dar sangre, sudor y lágrimas para poder abrirse paso en el mundo político. Años, lustros, décadas tendrán que pasar para poder estar en la posibilidad de tener una participación más activa, más formal o de más responsabilidad. No así, el tiempo transcurrido no es tiempo perdido, él representa el cúmulo de la experiencia que bien puede ser compartida hacia los espacios juveniles del momento para crear generaciones un tanto más seguras de lo que representa el trabajo político si es que éste es de su interés.

Pero fuera de estas dos consideraciones, existe otro tipo de joven que bien no encaja mucho, podríamos decirlo, con lo que pudiera ser una participación política compartida. Me refiero al joven que con una mentalidad torcida, rara para los tiempos que vivimos porque el sector juvenil de nuestros tiempos parece tener una mentalidad muy abierta y con clara proyección del futuro, que tiene la oportunidad de desarrollo político o profesional y haciendo gala de un “vedetismo” juvenil característico solo de las estrellas de la farándula o de connotadas figuras públicas –que no debiera ser pero lo profesan como lamentable atavismo-, despechan los espacios que tienen en sus manos para empaparse de la experiencia de las generaciones que les preceden, bien sea por apatía, falta de visión o por abusar también de esa etapa cronológica en la que el “desequilibrio” hormonal parece indicarles otro tipo de exigencias, no lo sé porque no fue mi caso, pero esta es una tendencia que bien debe poner a pensar a quienes, desde distintas posturas, formaciones, intereses y visiones del mundo, nos dedicamos al trabajo político.

Sea la condición que fuere, todas son reprochables y bastantes criticables en término. De lo que si estoy seguro es de que, en otro orden de ideas, los jóvenes de nuestros días abusan en grado sumo de su condición generacional y de su estado cronológico. “Juventud, divino tesoro, que mal te he aprovechado” pudiera ser el dicho que mejor se aplica a estas situaciones.

Existen jóvenes que bien desprecian el acercarse a gente mayor, y más aún si esto se conjuga con cierta “diferencia” social. En pleno siglo XXI –si señor en el año 2004- existen seres humanos, con apariencia de joven, pero mentalidad retrógrada que bien hubiera sido perfecta asesoría a la inquisición de Torquemada o para la diabólica obra hitleriana. Cuidado.

A mi me alarma este último contexto. Cuanta cosa he visto en mi camino. Pero todo ello me ha llevado a la conclusión, y a la certeza es más, de la urgencia de incentivar a los jóvenes sobre la importancia que reviste su participación política en el fortalecimiento de la democracia; pero también, a sensibilizar a los líderes de los partidos políticos sobre la necesidad de modernizar sus estructuras, formas de participación y consulta, con el objeto de lograr mayor participación juvenil, contribuyendo así a su fortalecimiento, permanencia y rescate de su credibilidad por parte de la sociedad.

Es urgente ir a la reflexión sobre temas clave en el mundo político de nuestros tiempos, tales como la participación juvenil en los partidos políticos, elementos que desmotivan esa participación y, también, sobre las expectativas y propuestas de los jóvenes para reestructurar el sistema de partidos políticos.

La tendencia actual de participación juvenil, al menos la más intensa por ser los espacios donde se siente más identificado o más escuchado, indican que la participación de los jóvenes se manifiesta básicamente en organizaciones tales como las iglesias y asociaciones estudiantiles a nivel diversificado y universitario. Podemos atribuir la falta de participación política a múltiples factores que es necesario tomar en cuenta tales como:

· La débil credibilidad en los partidos políticos como consecuencia de su falta de representatividad y de democracia interna, así como del clientelismo político.

· Falta de apoyo y motivación desde el propio seno familiar, donde se ubican otro tipo de problemas que bien requieren de estudios y análisis desde enfoques sociológicos verdaderamente serios.

· Los jóvenes no reciben una pertinente educación cívico-política satisfactoria capaz de crear conciencia acerca de la importancia de su participación.

· La precaria situación económica en la que viven la mayoría de jóvenes mexicanos les impide dedicarse a las actividades políticas.

· Los jóvenes no sienten que se les tome en cuenta, es decir, que lejos de tener una participación real dentro de las organizaciones partidarias, se sienten "utilizados" por éstas. Sus labores se circunscriben básicamente a brindar apoyo en las campañas proselitistas y en escasas ocasiones se les da la oportunidad de acceder a puestos dirigenciales en el interior del partido o bien, a optar a cargos de elección popular.


Continuará.

 

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