JUVENTUD Y PARTIDOS POLITICOS, UNA RELACION QUE NECESITA PRECISIONES

Felipe Díaz Garibay

Parte II y última

 

Aunque los jóvenes conocen de la importancia que reviste su participación para el rescate del sistema de partidos políticos en el país, comparten el criterio de que no basta con despertar su interés. Es necesario que los partidos introduzcan cambios estructurales tendientes a garantizar su efectiva y real integración.

Las propuestas de los jóvenes para reestructurar los partidos políticos, giran en torno a la imperante necesidad de fomentar la educación y formación cívico-política con programas acordes a la juventud. En este sentido los jóvenes señalan que tanto los partidos políticos como el Estado, deberían de desempeñar un rol activo y permanente.

Pero las cosas deben ir más allá, yo estoy cierto de que es necesario instrumentar reformas a la legislación electoral y estatutaria que posibiliten la democratización interna de los partidos políticos, obligar a éstos a realizar una labor permanente de formación y debate y a preocuparse más por la "calidad" de sus miembros; los partidos deben dar a conocer sus ideologías y programas de gobierno. La juventud siempre ha estado presta y es más ha manifestado tener capacidad de sugerir cambios innovadores en la estructura interna de los partidos con el fin de darles una nueva imagen y rescatar su credibilidad.

Resulta fundamental estimular la participación de la juventud, ya sea desde la militancia activa en los partidos políticos, ya sea desde organizaciones no-partidarias pero altamente preocupadas por los acontecimientos del país o ya sea, simplemente determinando, a través de su voto, el destino del país en los comicios.

Que el joven intervenga en las decisiones políticas de las naciones, es ya insoslayable.

La participación política de los jóvenes requiere que éstos estén con los ojos bien abiertos, con un olfato profundo, y muchas veces confiar en una especie de sexto sentido pues es tremendamente fácil caer engañado. Por ello, los jóvenes –como cualquier otro votante-, no pueden esperar una certeza de la persona o partido por quién se vota o participa. Votar y participar políticamente no deja de ser, en México por ejemplo, una especie de acto de fe del cual uno después se vuelve creyente si por casualidad acertó, o un incrédulo si, lo que ha sido más usual, termina engañado; en todo caso, la debilidad estructural de los partidos políticos no debe ser motivo para ausentarse de la urna electoral o de la participación política, en todos existen buenos hombres y mujeres, pero también demonios disfrazados de cordero.

De lo que sí se debe estar seguro es de que si se participa en política hay que hacer una entrega completa. Las participaciones a medias no son tan fructíferas y, a veces, suelen complicarlo todo. Lo importante no es estar en la política, es vivirla con pasión y con entrega. No es cierto, sin embargo, que con la participación exclusiva de los jóvenes, el anquilosado sistema político nacional va a cambiar. Los dinosaurios son pesados y cuesta moverlos. Lo importante es sentir que, como joven, se actúa correctamente y que se esfuerza por hacer política en forma verdaderamente distinta. Justo así empiezan los grandes cambios.
La actividad política ofrece escenarios diversos, no del todo halagüeños; existen, como se dice comúnmente, las altas y las bajas, y suele haber caídas y levantos y esto suele desalentar la participación de los sectores juveniles en las actividad política y más aún con determinadas siglas o colores.

Yo estoy convencido de que los algunos jóvenes –no todos aclaro- han fracasado en la actividad política cuando han tenido la oportunidad. Ese fracaso se debe a una mezcla de falta de preparación por un lado y, por el otro, a que se encandilan, se sienten poderosos, y no saben administrar su éxito coyuntural, pierden el piso, se marean por el hecho de subirse al nombramiento o a las cartas facultativas.

Formación, ecuanimidad y visión de futuro, son elementos consustanciales al joven que quiere hacer o hace política. No basta con entregar energía y pasión.

La juventud actual incurre en el mismo error que las generaciones pasadas. Se da a entender como si de un lado está la población no partidista, con sus ideales, sin manchas, deseosa de actuar correctamente y, del otro, están esos obscuros políticos, mentirosos y cínicos, prestos a asaltar cuán piratas al erario nacional. Eso se llama maniqueísmo perverso. No es cierto que la sociedad mexicana sea blanca en ideales de un lado y negra en ambiciones del otro. Los partidos políticos y sus dirigencias, en última instancia, no son sino reflejo de la sociedad que representan. Sin duda aquí radica la importancia de la constante preparación de los jóvenes y su involucramiento en la política nacional, aquí entra esa visión de futuro que deben trabajar permanente y constantemente y entender que las casas sucias no se limpian porque, desde fuera, uno a gritos lo ordene. Para limpiar una casa hay que abrir la puerta, entrar y barrer desde adentro".

Pericles, cuya existencia según la historia data entre los años 495-429 a.d.C. y fue además jefe de Estado de Atenas, alguna vez dijo que “no es hombre pacífico sino inútil el que no participa en el gobierno de su ciudad". Para él, quien no participa en la vida política de su país, es como si no existiera. Pero para ser claros, los jóvenes no son los únicos culpables de su falta de interés por las cuestiones públicas; gran parte de la culpa de que no se eduque a la juventud en lo que es la democracia y la importancia de su participación, recae en los adultos y en el gobierno, ya que éste último es el encargado de establecer las líneas de estudios de los distintos establecimientos educativos del país. Aquí cabe la culpabilidad compartida, uno porque no aporta y el otro porque vive en el desinterés.

Ya no es tiempo de temer a la participación política; los jóvenes deben despertar su interés por ella. Es momento de acabar con los viejos rencores de los adultos y permitir el acceso a las nuevas generaciones que son, al final de cuentas, las únicas responsables del diseño de su propio futuro.

Bien vale la pena despertar el interés de la juventud hacia la participación política activa; sería un extraordinario paso en el rescate de la credibilidad en el sistema de partidos y brindar mejores opciones a las futuras generaciones mexicanas. Los jóvenes deben entender: ¿Quiénes son los más afectados por la violencia?, los jóvenes. ¿Quiénes son los más afectados por el desempleo?, los jóvenes. ¿Quiénes son los que más pueden ganar o perder a causa de las políticas educativas de los gobiernos?, los jóvenes. Serán siempre los jóvenes porque son la generación futura y los que habrán de decidir el devenir histórico de nuestra sociedad y diseñar, con sus propuestas e inquietudes, el modelo social al que, en su momento, ellos mismos habrán de aspirar, aunque ellos mismos, por vivir ahora la plenitud rosa de la vida, crean lo contrario.

De lo que sí debemos estar seguros, los jóvenes y los que ya no lo somos, es que la juventud, con su abstencionismo, con su apatía electoral y política, se vuelve algo así como una masa de aire en un cuarto cerrado: por más que abunde, por más importante que sea para la vida de una comunidad, no se le mira, no se le aprecia, no se le otorga su verdadero valor.

 

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