DEMOCRACIA, CORRUPCION, ETICA Y NUEVA GESTION PUBLICA

Felipe Díaz Garibay

Parte I

 

Introducción.

De cara a los nuevos tiempos que vivimos, la idea de democracia ha tenido algunas variantes importantes que van de verla en la mera elección popular hasta la profunda connotación de restituir al ciudadano su derecho a intervenir en las decisiones del Estado.

Es en este sentido que surgen los nuevos planteamientos y los debates en torno a cómo habrán de desarrollarse los procedimientos en tiempos en que la nueva gestión pública tiene como objetivo administrar de manera eficiente todo lo concerniente a lo público; es decir, al gasto público, a los proyectos, planes y programas de un gobierno. La gestión pública es una idea referida sobre todo a organización; de ella tenemos una actividad interna de índole económica, ética y técnica, antes de manifestarse como la respuesta gubernamental a demandas sociales o procesos administrativos internos de ahí que la gestión pública, en tal sentido, sea equiparable a la función pública y obligue al servidor público, en quien la comunidad delega la administración de su bien, a estar convencido de que está obligado a cumplir con los principios éticos que la administración de lo público requiere.

Planteamientos van, planteamientos vienen, lo cierto del caso es que cada nación, como lo sostienen algunos autores que han tratado el tema, tiene sus propias condiciones históricas y características peculiares, de ahí, entonces, que cada forma de visualizar al Estado, la democracia, el servicio público y la intensidad de los nuevos mecanismos encaminados a hacer más eficiente el servicio público, deba ajustarse a lo que cada sociedad en específico desea para sí.


La visión actual de la democracia.

El análisis de la democracia representa uno de los más concurrentes debates al interior del análisis de la ciencia social, ya que presupone encontrar modelos de gobierno que incluyan un Estado fundado en el consentimiento social que determine y aplique las reglas para la justa convivencia de la sociedad y tenga, como centro de su actividad y como fin último, el bienestar del ciudadano. La respuesta a este dilema precisa de retomar los aspectos prácticos de la democracia pues a ella están inscritas, en definitiva, las concepciones de la política y de las formas de administrar y gobernar; es preciso definir no cómo ha sido descrita en sus tratados sino, fundamentalmente, cómo ésta es asumida por los gobiernos del mundo.

Hablar de ejercicio democrático sano implicará, a partir de esta percepción, la concepción de un “buen gobierno” y, por ende, de una Administración Pública eficiente, eficaz, sin corrupción y ejercida bajo los principios de la ética pública.

La ola democrática de las dos últimas décadas parece haberse detenido y muchos países retroceden al autoritarismo o enfrentan tensiones sociales y económicas cada vez más intensas. En efecto, en teoría el mundo es más democrático que nunca, pero en la práctica la realidad es muy distinta pues gran cantidad de países no lo son con respecto a los derechos humanos, prensa libre, poder judicial independiente y, desde luego, al cuestionable tema electoral.

Hablar de democracia no es hablar simplemente de “elecciones”; muchos creen que por el hecho de participar en elecciones, se vive una plena democracia; están equivocados quienes creen que la democracia se funda exclusivamente en la posibilidad de votar libremente cada cierto tiempo; los alcances del gobierno democrático van mucho mas allá y hoy puede apreciarse, con franca verdad, que la democracia está en crisis, y es que ésta ha sido superada ya por las propias circunstancias; a las cambiantes sociedades modernas les queda corta ya la democracia bajo el esquema en que, tradicionalmente, se nos ha enseñado. En cierta forma, la democracia se ha degenerado a grado tal que ahora está compuesta por una creación mediática de los líderes de la escena política, los que son inventados por el propio marketing como si se tratara de estrellas del mero espectáculo. Se ha olvidado la esencia.

El siglo pasado, convulso por naturaleza y lleno de acomodos y reacomodos, mucho dio que decir sobre la democracia a grado que en los momentos que vivimos los hechos hablan por si mismos y, sin entrar en muchos detalles, la corrupción, politiquería, negación y violaciones de los derechos humanos entre otros males son hoy, parece mentira, en muchas naciones sinónimos de democracia.

En su forma pura y transparente la democracia no es una real posibilidad en estos momentos, la forma en que ha evolucionado no es aceptable, o al menos no para lograr los grandes consensos ciudadanos que son de alguna forma el fin último de un régimen democrático.

Continuará.

 

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