
¿DECLARACIONES RACISTAS O EXAGERACIONES DE LA "DIPLOMACIA"?
Parte II
2. Los actores de la política exterior.
Los actores de la política exterior encargados del proceso de formulación y ejecución de las decisiones en la materia son diversos; no es uno solo.
El gobierno a través de sus poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, es el encargado de ejecutar la política exterior, razón que le obliga a diseñarla desde una postura de total apertura a las demandas de la sociedad civil tomando en cuenta, desde luego, a los diferentes grupos sociales y organizaciones no gubernamentales que conforman al Estado.
De manera regular, el Ejecutivo tiene la función de tomar las decisiones de política exterior y el Legislativo las sanciona; no así en el proceso de formulación, los actores no gubernamentales pueden ejercer cierta influencia. Los agentes no gubernamentales los encontramos representados en la opinión pública, los partidos políticos, las organizaciones empresariales, los sindicatos, la Iglesia, los grupos étnicos, así como los centros educativos entre otros.
Queda claro, entonces, que una política exterior que no toma en cuenta las necesidades de la población y no escucha a la sociedad civil es una política con rasgos brutalmente antidemocráticos. Sin embargo, es preciso dejar claro que actores externos, fundamentalmente empresas transnacionales, llegan a influir de manera determinante en la política exterior de un país y casi siempre delinean los aspectos esenciales de ésta.
La política exterior debe encontrar su principal motivación en las condiciones internas de cada país. Con ello no trato de decir que la política interna tenga una primacía sobre la externa; no, de ninguna manera. Ambas deben tener un carácter circular y complementario pero en todo momento el interés de la nación debe ser su fundamento; el interés nacional está determinado por múltiples factores internos y externos pero son, justamente, las necesidades internas el principal motor de la política externa; por ello, la política exterior debe, en todo momento, establecer objetivos o estrategias muy concretas para la solución de un problema o para un fin determinado.
La política exterior está, entonces, estrictamente ligada a la interna porque ambas pertenecen a la política general del Estado, aunque cabe aclarar que existen algunos elementos que las hacen diferentes: la política externa se dirige a un ambiente heterogéneo y no tiene, necesariamente, poder coercitivo para alcanzar sus objetivos; la política interna, por su parte, se orienta a un entorno de alguna manera homogéneo y cuenta con mecanismos coercitivos para hacer cumplir sus normas.
Aún cuando estos elementos distinguen una política de otra, ambas deben ser congruentes, coherentes y, ambas también, tienen que apoyarse recíprocamente,
Debido a la creciente interdependencia económica mundial y al fortalecimiento del proceso globalizador de los nuevos tiempos, una acción de política externa afecta decisivamente a la interna y viceversa; por ejemplo, las negociaciones entre países se basan en la normatividad interna de cada uno; no obstante la firma de un tratado internacional provoca, muchas veces y casi siempre, cambios en materia de política interna.
A nivel mundial los Estados tienen diversos intereses y muchas veces no coinciden; parece que el proceso de globalización e interdependencia hace que el interés nacional se diluya y ello es delicado; por esta razón, la política exterior de un Estado debe funcionar como un instrumento conciliador entre el interés nacional y los intereses globales. Mayor reto no habría sido posible, de ahí la disfunción que se presenta en la estructuración de los programas de política exterior en múltiples países; no resulta fácil el ajuste y el acondicionamiento.
3. El diseño de los esquemas de actuación diplomática de México.
México no escapa a la inevitable realidad que le han marcado sus distintas etapas históricas. En términos generales de 1821, en que se consolida la independencia respecto de España, el nuestro ha sido un país que se ha debatido entre la necesidad de conservar su espacio dentro del sistema de relaciones internacionales y, también, la de hacer respetar su voz en los diversos foros y organismos internacionales.
Viendo un poco a los finales del siglo pasado, tenemos que a partir de nuevos elementos internos y a consecuencia de distintas presiones externas, la política exterior mexicana experimentó una notable transformación en cuanto a sus prioridades a mediados de la década de los años ochenta.
Así, a partir de estos momentos se observan en el desarrollo de la política exterior de México múltiples características que bien deben ser tomadas en consideración a efecto de poder elaborar un mejor diagnóstico. Referiré cuatro de importancia crucial y al resto dedicaré un trato especial.
Por un lado, la supremacía del Poder Ejecutivo bien ha afectado el proceso de toma de decisiones de política exterior, toda vez que el Presidente mexicano ocupa un lugar preponderante frente a los otros actores gubernamentales; está de más insistir en el hecho de que en nuestro sistema político, el Poder Ejecutivo ha tenido mayores poderes frente al Legislativo y, desde luego, frente al Judicial. En materia de división de poderes, la realidad mexicana es muy diferente y ello representa una seria desventaja en materia de política exterior donde sólo una pequeña elite gubernamental participa directamente lo que, en realidad, bien afecta la capacidad de negociación internacional de México.
En otro sentido, en México existe una política dual y con base en ella el gobierno toma decisiones. ¿De qué manera? Muy sencillo. Frente a un tema en particular, el grupo en el poder asume cierta posición al interior y otra distinta al exterior; tal dualismo hace pensar que existe una contradicción entre la política interna y la externa; aunque es preciso aclarar que tal contradicción sólo existe en el plano superficial pues en el fondo ambas políticas buscan un fin común: mantener y consolidar el poder del grupo dominante .
Además de los dos puntos anteriores, es preciso referir el hecho de que México ejecuta una política exterior pragmática , hecho en el que coinciden diversos especialistas en Relaciones Internacionales e incluso funcionarios de nuestra cancillería. En este sentido, la política exterior mexicana está siempre basada en principios tradicionales que guían su conducta y actuación por lo que la actitud internacional de nuestro país es fácil de predecir con lo que se puede concluir que, bajo esta premisa México, persistentemente, actuaría de la misma manera ante cualquier evento que se suscite más allá de sus fronteras.
El último punto a considerar sería el hecho de que la política exterior de México es totalmente economicista , lo que se recalcó aún más a partir del régimen de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), donde los asuntos de la deuda externa y la apertura comercial fueron los ejes de la política exterior. Esta línea de actuación frente al exterior se vio reforzada en la administración de Carlos salinas de Gortari (1988-1994) y continuó siendo el pan de cada día durante el mandato zedillista (1994-2000) afectando, desde luego, el desarrollo del trabajo diplomático del régimen actual donde parece se perdió el rumbo amenazando con afectar seriamente el proyecto nacional, aunque ello será tema para tratar en las partes subsiguientes.
Continuará.