¿DECLARACIONES RACISTAS O EXAGERACIONES DE LA "DIPLOMACIA"?

Parte III



4. La relación bilateral México-Estados Unidos de Norteamérica.

Otra característica esencial que influye fuertemente en el diseño de la política exterior mexicana es, indudablemente, la relación con los Estados Unidos de Norteamérica que merece trato aparte por la temática motivo de esta serie.

Históricamente las relaciones con los Estados Unidos de Norteamérica no han sido fáciles, aún cuando constantemente se ha dicho, oficialmente desde luego y de una parte y otra, que la relación ha entrado a nuevas etapas; a una antecede y deviene otra y así sucesivamente; nada nuevo, todo ha sido siempre lo mismo.

Es evidente reconocer que los aspectos de esa relación, tanto los multilaterales como los estrictamente bilaterales, han cambiado y desde luego sus contenidos tradicionales han sido rebasados por otros cualitativamente distintos, aunque existen múltiples factores que hacen de ella una relación muy distinta a la que pudiera tener nuestro país con cualquier otro del planeta, sobre los que podríamos destacar principalmente el económico; nuestra dependencia en este rubro respecto de esta nación no es nueva. Podríamos afirmar, con toda certeza que cuando aún era distante en el tiempo la imposición de la hegemonía norteamericana en el mundo nosotros, es decir México, ya éramos objeto del proyecto expansionista de la naciente economía capitalista.

La Revolución Mexicana, que vino a delinear el modelo de país que actualmente tenemos, abrió un nuevo capítulo -me atrevo a afirmar que dramático- en la relación de México con su vecino del norte. Cuando la Revolución concluyó en México, también acabó la gran guerra en Europa y, como resultado de ello, los Estados Unidos emergieron como principal potencia mundial, desplazando definitivamente en ese papel a Gran Bretaña,

El predominio norteamericano sobre América Latina en general, y sobre México, Centroamérica y El Caribe en particular, se reafirmó y la Doctrina Monroe, cuyo fin no era tanto el salvaguardar los intereses y la seguridad de los países de América sino garantizar el predominio norteamericano en la región, se convirtió en un hecho muy real.

Los cambios violentos del periodo post-revolucionario en la vida política de México vienen a tener, irremediablemente, repercusiones sobre la inversión extranjera en nuestro país; así, los Estados Unidos se embarcan en uno de sus primeros intentos de controlar las fuerzas revolucionarias desatadas en un país de su zona de influencia. A fin de cuentas, según lo destacan muchos investigadores, el éxito norteamericano en esta empresa sería parcial y dio lugar a un largo y complejo conflicto entre los gobiernos de México y Washington que perduró hasta fines de 1940.

La Segunda Guerra Mundial parece cerrar bruscamente la larga etapa de confrontación abierta de México con los Estados Unidos y da paso a una de colaboración; pese a que aún estaba muy fresco en la memoria mexicana el conflicto con estados Unidos originado por la Expropiación Petrolera de 1938, México se encontró como aliado de los norteamericanos dentro de la estructura de Naciones Unidas en la lucha contra los países del incipiente club comunista.

La historia de la relación entre México y estados Unidos es, sin duda, el campo más explotado de la relación de nuestro país con el mundo exterior. Esto no debe parecernos raro si consideramos la importancia pasada, actual y futura de esta por cierto desigual relación que hace que una buena parte de la producción de investigadores que tocan el tema tenga un carácter altamente polémico.

Entre México y los Estados Unidos hay recuerdos, cierto, pero también grandes y variadas divergencias; en asuntos económicos, comerciales, políticos, migratorios, de narcotráfico y todos aquéllos que comprenden la agenda de sus relaciones e intercambios.

Sin duda alguna, Estados Unidos ocupa un lugar primordial en el proceso de toma de decisiones de nuestra política exterior. Inclusive, muchas veces ha llegado a confundirse la política exterior de México con su relación bilateral con este país. Por ello, en el proceso de formulación de la política exterior de México, Estados Unidos recibe un trato especial y es motivo de un apartado especial también dentro de los planes y programas de gobierno.

El gobierno mexicano siempre asumirá una posición diferente ante Estados Unidos que con otros miembros de la comunidad internacional.

Las razones que explican la preeminencia de Estados Unidos en el proceso de toma de decisiones dentro de la política exterior mexicana son diversas y muy variadas, pero todas de gran peso y determinación en diversos contextos y escenarios. Entre ellas debo citar:

  • El pasado accidentado de la relación bilateral en donde Estados Unidos ha invadido, presionado e intervenido en México.
  • El carácter conflictivo de la relación, especialmente en los temas de migración y narcotráfico tema, éste último, en el que nuestro país ha sido objeto de múltiples evaluaciones, calificaciones y descalificaciones donde los Estados Unidos asumen una posición de juez olvidando que en su propia casa no solamente se procesa sino, se encuentra el número más elevado de adictos del planeta.
  • La creciente interdependencia entre ambas economías.
  • El fin de la Guerra Fría a principios de la última década del siglo pasado donde México incrementó su posición estratégica en el marco de la política de seguridad estadounidense.
  • Los compromisos asumidos en el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
  • La obsesiva lucha norteamericana contra el "terrorismo", cuyo fin no es tanto exterminar a Osama Bin Laden y compañía sino, fundamentalmente, tener una razón y un motivo para intervenir en países donde se busca consolidar zonas de influencia.
  • El número de temas y actores involucrados en la relación bilateral, entre otras.

La influencia de Estados Unidos ha provocado que la política exterior mexicana se centre en la relación bilateral con su vecino del norte, dejando a un lado otros temas entre los que se encuentran el profundizar en el trato e intercambio con otras naciones que no sólo requieren de atención estratégica sino que, de acuerdo a la nueva configuración del sistema internacional, no es posible hacer a un lado.

 

A pesar del carácter nacionalista que se ha observado dentro de la Secretaría de Relaciones Exteriores en los últimos sexenios, producto de la experiencia mexicana en el trato con los Estados Unidos, los cancilleres mexicanos se han dedicado principalmente a no herir las susceptibilidades en Washington -México de rodillas como siempre-, y así asegurar su colaboración económica. Para aparentar un poco, el aparato diplomático reclama cualquier tipo de intromisión, como en el caso "Casablanca" por ejemplo, y asume la defensa de la soberanía nacional.

Difícil en todo concepto.

Continuará.

 

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