Con su venia Señor Presidente;
Señores Diputados:
Los nuevos tiempos que vivimos, los convulsos tiempos en que estamos insertos, requieren de la reconsideración permanente y concienzuda del rol que hasta hoy han desarrollado los partidos políticos.
Pero independientemente de enfoques conceptuales, el problema de discusión, ahora, lo constituye la forma en que éstos se insertan en las sociedades modernas en busca de lo que en realidad debe ser su razón de esencia y existencia: hacer posible la democracia, movimiento que en las dos últimas décadas parece haberse detenido haciendo que muchos países retrocedan al autoritarismo o enfrenten profundas tensiones sociales y económicas.
Algo le pasa entonces a la democracia que parece destejerse durante el oscurantismo de la humanidad y vuelve a tejerse cuando afloran las ideas libertarias utilizando el hilo del avance y el desarrollo de la humanidad; es decir, se ponen trabas a su desarrollo cuando ésta afecta intereses de grupo, pero resurge por consenso mayoritario de los pueblos a quienes no se les puede encadenar.
Por ello, en la proclama por la democracia es necesario ir, a la par, en la transformación de las estructuras pero también de las superestructuras. Y es precisamente aquí, en el cambio de la superestructura, donde el trabajo partidista debe ser permanente; debe irse con todo en la transformación de la mentalidad de las nuevas generaciones; las doctrinas deben ser acondicionadas y despojadas de dogmas, para ser capaces de penetrar en la conciencia social y ayudar al hombre en su desarrollo político y crecimiento espiritual, a efecto de aclarar el verdadero sentido de lo esencialmente político y entender de mejor manera el paradigma democrático.
Con el trabajo de formación cívico política deben sacudirse las conciencias, para crear al nuevo hombre, a ese que debe vivir el siglo XXI, para tener partidos políticos a la altura de las nuevas mentalidades, para ser institucionales por convicción o bien oposición plenamente razonada.
Porque, de acuerdo al esquema de muchas democracias, no es posible concebir la democracia sin partidos, y el origen de éstos no es posible si no se ha entendido a la perfección el sentido mismo del proceso democrático, es preciso encaminar en estos momentos el trabajo partidista desde vertientes que garanticen la generación de nuevos ciudadanos; los nuevos procesos democráticos, exigibles por el proceso globalizador que avanza en franco reto y del cual difícilmente podemos sustraernos, requieren de ciudadanos civiles, capaces de comprender y ejercer nuevos esquemas de praxis política y convivencia social.
Norberto Bobbio, en su obra “El Futuro de la Democracia” plantea un análisis que aporta valiosos elementos para la mejor comprensión de la democracia actual; son rescatables las seis promesas falsas que nos permiten visualizar la perspectiva ideal y la “cruda realidad” de esta forma de gobierno, cito: el nacimiento de la Sociedad Pluralista, la reivindicación de los intereses, la persistencia de la oligarquías, los espacios limitados, los poderes invisibles y los ciudadanos no educados o carentes de virtudes; indudablemente es la escasa cultura política ciudadana, de los males el peor.
La democracia es más que un sistema de legitimación del ejercicio del poder, es un régimen global de participación popular que sobrepasa el mero electoralismo reducido al periódico ritual de depositar un voto en la urna electoral cada cierto tiempo; también se refleja en la medida en que los partidos consideran a sus militancias en el diseño y desarrollo de sus propios procesos y en la forma en que trabajan hacia ella otorgándoles canales de formación, participación y de expresión.
La ciudadanía militante en organizaciones partidistas, no debe representar ya solamente el voto cautivo característico, desde luego, de las “monarquías electivas”.
En las sociedades tan heterogéneas como en las que hoy nos desenvolvemos, es conveniente promover más la participación política y con ello la confianza y credibilidad en las instituciones. Necesitamos dar forma al hombre del futuro y dar paso a nuevas generaciones; inducir esas nuevas formas de creer que hagan posibles las nuevas formas de actuar; pero ello implica un proceso plausible de cambios en las actitudes y aptitudes ciudadanas.
Necesitamos partidos con una visión clara del futuro, acorde a los requerimientos de la democracia moderna y ese nuevo concepto de revolución sustentado en el recto y justo concepto del hombre; partidos conscientes de su realidad y responsabilidad histórica y capaces de recobrar la casi perdida credibilidad social en las instituciones; partidos con verdadero sentido humano que propicien que el Estado sea, ya, rescatado por el ciudadano; partidos que retomen la realidad social que provocan para crear nuevas líneas de pensamiento político, nuevos principios, nuevas doctrinas, nuevas plataformas electorales. partidos que velen por anteponer la observancia de la legalidad constitucional versus anticonstitucionalidad; el respeto a la diversidad y pluralidad política versus antidemocracia; el diálogo razonado versus dogmas inflexibles y actitudes petrificadas; la competencia pacífica entre opciones legítimas versus caminos fácticos divorciados sustancialmente de cualquier orden jurídico, y el acatamiento de la voluntad y el mandato populares manifestados a través del voto versus caprichos sustentados en la irracionalidad política y en ansia desmedida de poder.
De otra forma, el partidismo habrá sido rebasado por las propias circunstancias logrando prostituir solamente la vida institucional del Estado moderno y arrastrando al mundo a la indeseable anarquía.
En virtud de lo anterior, es necesario que en el texto del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, quede plenamente establecido que los partidos, en tanto entidades de interés público, deben garantizar una estricta formación cívica de sus militancia, a efecto de ser consecuentes con el nivel formativo de la educación cívica que presupone, en aras de la búsqueda del desarrollo de las actitudes de las personas, la cooperación, el cumplimiento de las leyes y el ejercicio de sus derechos. Para vivir hoy la democracia, requerimos de ciudadanos y partidos educados políticamente, de ciudadanos civiles que se percaten de su alta responsabilidad en el diseño de los nuevos procesos democráticos.
La cultura política democrática constituye la comunidad de valores que garantiza la integración de individuos, grupos organizados e intereses heterogéneos al funcionamiento regular de un conjunto institucional, que reconoce la legitimidad de cada uno de ellos y su derecho a participar en la dinámica política sin traicionar su identidad esencial. De ahí que la educación cívica deba ser entendida en una concepción más amplia de la construcción de la ciudadanía; que no sólo sea instrucción de conocimientos, valores u orientaciones democráticas en el ámbito escolar, sino el vínculo a una estrategia estructural orientada a la construcción de una nueva cultura política y democrática.
Por lo anteriormente expuesto someto a la consideración de esta Soberanía la siguiente iniciativa con proyecto de
Decreto que reforma y adiciona el Artículo 38 del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales. Único. Se reforma y adiciona el inciso i) del Párrafo 1 del Artículo 38 del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, para quedar como sigue:
Artículo 38…………………………………..
1.……………………………………………….
a) a h). ………………………………………..
i) Sostener por lo menos un centro de formación política, obligado a implementar y ejecutar, permanentemente, programas de educación cívica que orienten a su militancia nacional para fomentar en ella el respeto por el Estado de Derecho y sus instituciones; que impulsen la cultura y valores democráticos, la defensa de la independencia política, la convivencia ciudadana y promuevan el interés general de la nación, impulsando la igualdad y fraternidad; que garanticen la inclusión en los procesos políticos y sean factor de unidad nacional y sana convivencia en la diversidad política que avala nuestra pluralidad nacional;
j) a t). …………………………………………
2.……………………………………………….
Transitorio
Único. El Presente Decreto entrará en vigor al día siguiente de su publicación en el Diario Oficial de la Federación.
Señor Presidente, le solicito también respetuosamente se inserte el texto íntegro de esta Iniciativa en el Diario de los Debates de esta Cámara.